viernes, 27 de enero de 2017

La maldición de Simón Bolívar

Después de la exhumación de los restos mortales de Simón Bolívar, el 17 de julio del 2010. La apertura de la urna fue decretada por el Gobierno con el propósito de hacer estudios tomográficos del cráneo, de todos los huesos, del fortalecimiento del cuerpo, según el presidente Chávez. Pero, retiraron 4 piezas dentales, muestras de costillas y de otros huesos, para estudios de ADN e infección por tuberculosis. Un año después, el pueblo venezolano todavía ignora los resultados de los estudios, pero ha sido testigo de la muerte de personas relacionadas directa o indirectamente con aquel ultraje socialista al Padre de la Patria: William Lara, ex gobernador del estado Guárico; Luis Tascón, diputado de la Asamblea Nacional y autor de la Lista; general retirado Alberto Müller, dirigente del partido de gobierno o PSUV; Lina Ron, incondicional de Chávez y dirigente del partido UVP; Clodosbaldo Russian, contralor general; y, por ahora: el Presidente Chávez enfermo de cáncer.


No es un caso de historia-ficción, aunque pueda parecerlo a simple vista. La conocida ya como «maldición de Simón Bolívar» es casi un calco de la «maldición de Tutankamón», que ya desentrañamos en un anterior enigma. Sólo que, en lugar de faraónica, a la bolivariana.
Todo empezó la madrugada del viernes 16 de julio de 2010 en Caracas, con nocturnidad y alevosía. El presidente venezolano Hugo Chávez había dispuesto la exhumación de los restos mortales de Simón Bolívar, casi 200 años después de su fallecimiento, con un claro objetivo sobre el que ya pasamos de puntillas al tratar de la psicosis del veneno: acusar a la oligarquía colombiana y venezolana de la muerte del libertador de Venezuela, Panamá, Ecuador, Colombia y Bolivia. Según Chávez, su idolatrado Bolívar no falleció de tuberculosis en diciembre de 1830, de acuerdo con la versión oficial, sino envenenado con arsénico o anhídrido arsenioso, como quiera llamársele: un polvo cristalino de color blanco, con un sabor ligeramente ácido y poco soluble en agua, utilizado ya en la antigua Grecia por Hipócrates de Cos con fines medicinales.

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