sábado, 3 de diciembre de 2016

Brigadas Internacionales

Antes de la formación de las BI en octubre de 1936 había ido viniendo a España numerosos voluntarios que venían por su cuenta a enrolarse en diferentes unidades de su afinidad ideológica (anarquista, socialista, comunista, etc.) Algunos ya  residían en España bien por estudios, como los estudiantes latinoamericanos, o bien como exiliados políticos procedente de países con gobiernos fascistas o autoritarios. El caso más señalado fue el  los numerosos participantes que habían venido a Barcelona a participar en las Olimpiadas Populares de julio de 1936, la alternativa a los Juegos Olímpicos que Hitler había organizado en Berlín.
Lo cierto es que, como escribió Luigo Longo, “por todas partes se expresó la firme voluntad de prestar una ayuda concreta a la República española agredida. Se recogieron y enviaron urgentemente a España víveres, productos lácteos, medicamentos y ambulancias. Grupos de voluntarios de diversos países trataron por todos los medios de llegar a España”. Y con estos voluntarios se formaron los primeros grupos como el Rakosi (húngaros), el Dombrowki (polacos), o centurias como la Tom Mann (británica), la Gastone Sozzi (italiana) o la Thaelman (alemana). Muchos de estos voluntarios y unidades se integraron más tarde en las Brigadas Internacionales. Otros prefirieron no integrarse por causa de las discrepancias políticas entre algunos militantes y las Brigadas Internacionales.
Efectivamente, la idea de crear  las Brigadas Internacionales se fue gestando en el verano de 1936 a partir de diversas iniciativas paralelas, entre otras del Partido Comunista francés. La reunión de la Comintern celebrada en Moscú el 18 de septiembre de 1936 dio el aval a esta propuesta y los partidos comunistas se comprometieron desde entonces a reclutar a voluntarios dispuestos a participar en la lucha junto a los republicanos españoles. Los partidos socialistas europeos, si bien no reclutaron voluntarios, apoyaron oficialmente a las BI. Más reluctante, sino contraria, fue la actitud del anarquismo y del trotskismo. La sede internacional de reclutamiento se estableció en París, desde donde se organizaba el envío de voluntarios  en contacto con el gobierno republicano que tramitaba la documentación necesaria para el recluta. Los primeros voluntarios llegaron a Albacete  el 14 de octubre de 1936.
Tras algunas vacilaciones iniciales, el gobierno de la República se decidió a aprobar la formación de estas unidades el 22 de  octubre de 1936, cuando el avance de los sublevados sobre Madrid reveló la crítica situación militar de la República.
La propuesta fue inicialmente recibida con algunas reticencias por parte de los demás partidos del Frente Popular. El 15 de octubre  se  constituyó el primer grupo responsable de la organización, formado por Luigi Longo (Gallo), Mario Nicoletti,  Pierre Rebière y otros. Dos días más tarde una delegación presentó a Largo Caballero el proyecto de constitución de las BI. Prieto estaba de acuerdo. El Presidente del Consejo de ministros firmó finalmente su aprobación el 22 de noviembre. Se decidió que el Cuartel General y las bases de instrucción estarían en Albacete. El mando directo recayó en el comunista francés André Marty, y la supervisión gubernamental sería ejercida, de momento, por Martínez Barrio.


Cada brigada se constituyó, al principio, con tres batallones, normalmente con voluntarios de la misma nacionalidad o idioma para facilitar la comunicación.  Más tarde cada brigada pudo contener entre tres y seis batallones, con unos 650 hombres. Cada uno de estos solía tener tres compañías de fusileros y una de ametralladoras. Junto al jefe militar había  un comisario cuyas principal tarea era mantener la moral y educar políticamente a las tropas, aunque en ocasiones también tenían que asumir labores militares.
La instrucción que recibían estos voluntarios era exigua, ya que las urgencias de la guerra exigían muchas veces llevarlos al frente sin apenas haber aprendido los elementos básicos de la técnica militar. Fue muy frecuente un periodo de entrenamiento de tres semanas, aunque en algunos casos pudo alargarse hasta dos meses. Además, era un entrenamiento generalmente sin armas, dada la escasez de las mismas en el ejército republicano. Pero los voluntarios suplían con su aliento antifascista todos los inconvenientes que encontraban
 Las primeras Brigadas, la XI y la XII, estaban compuestas por franceses y belgas, italianos, alemanes y polacos. Luego comenzaron a llegar voluntarios procedentes de más de 50 países del mundo. Según los datos oficiales del cuartel general de las BI a finales de agosto de 1938

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