viernes, 18 de noviembre de 2016

La Ruta de la Seda

La gran atracción de Xian es, sin duda, el ejército del primer emperador de  China Qin Shi Huang Di, descubierto en 1974 por unos campesinos y que hoy recibe miles de visitas a diario. El Museo de los guerreros de Terracota  se encuentra a unos 30 kilómetros de Xian y en sus tres grandes fosas pueden apreciarse miles de figuras de soldados a tamaño natural, caballos y carros; en un pequeño museo se exponen dos carruajes de bronce hallados en la excavación.
Desde Xian las antiguas caravanas se dirigían hacia el oasis de Dunhuang, puerta del desierto y lugar de descanso antes de emprender el tramo más temido de la travesía: las arenas del Taklamakán. El nombre de este desierto significa «quien entra no consigue salir» en iugur, la lengua de la etnia turcomana que habita en las actuales regiones autónomas de Gansu y Xinjiang.  la ruta de la seda se bifurcaba aquí en dos ramificaciones que rodeaban este océano de dunas.
La Ruta de la Seda se originó durante el siglo I a. C., siguiendo a los esfuerzos de los yuezhi y xiongnu en la cuenca del Tarim para consolidar un camino hacia el mundo occidental y la India, tanto a través de asentamientos directos en el área de la cuenca como de relaciones diplomáticas con los países de los dayuan, partos y bactrianos más al oeste. Las rutas de la Seda fueron una «compleja red de rutas comerciales» que dio a la gente la oportunidad de intercambiar bienes y cultura.



Poco después de la conquista romana de Egipto en el año 30 a. C., florecieron a una escala sin precedentes las comunicaciones regulares y comerciales entre China, el sudeste asiático, la India, Oriente Medio, África y Europa. El comercio greco-romano con la India que había comenzado con Eudoxo de Cícico en 130 a. C., seguía aumentando, y según Estrabón (II.5.12), en la época de César Augusto, hasta 120 barcos zarpaban cada año desde Myos Hormos, en el Egipto romano, hacia la India.

La partida de Maës Titianus se convirtió en los viajeros que penetraron más lejos hacia el este por la Ruta de la Seda desde el mundo mediterráneo, probablemente con el objetivo de regularizar los contactos y reducir el papel de los intermediarios, durante uno de los momentos de calma entre las intermitentes guerras de Roma y Partia, que repetidamente obstruían el movimiento a lo largo de la ruta de la seda.

El comercio intercontinental y las comunicaciones se hicieron regulares, organizados y protegidos por las "grandes potencias". Pronto siguió un intenso comercio con el Imperio romano, confirmado por la afición romana por la seda china (suministrada a través de los partos), a pesar de que los romanos pensaban que la seda se obtenía de los árboles. Esta creencia fue confirmada por Séneca el Joven en su Fedra y por Virgilio en sus Geórgicas. Cabe destacar que Plinio el Viejo lo sabía mejor: hablando de la bombyx o polilla de la seda, escribió en sus Historias naturales «Tejen telas, como las arañas, que se convierten en un lujoso material para la ropa de las mujeres, llamada seda». El Senado romano emitió, en vano, varios decretos para prohibir el uso de la seda, por razones económicas y morales: la importación de seda china causó un enorme flujo de salida  de oro, y los vestidos de seda se consideraban decadentes e inmorales:

“Veo ropas de seda, si los materiales que no ocultan el cuerpo, ni siquiera la propia decencia, se puede llamar ropa ... rebaños miserables de las camareras trabajan para que la mujer adúltera puede ser visible a través de su fino vestido, para que su marido no tiene más conocido que cualquier extraño o extranjero con el cuerpo de su esposa.”

La unificación de Asia central y del norte de la India dentro del Imperio Kushan en los siglos primero a tercero reforzó el papel de los poderosos comerciantes de Bactria y Taxila. Fomentaron la interacción multicultural como lo indican los tesoros de sus hordas del siglo II, con productos del mundo grecorromano, China y la India, por ejemplo, en el sitio arqueológico de Bagram.

La Ruta de la Seda representa un temprano fenómeno de integración política y cultural debido al comercio interregional. En su apogeo, sostuvo una cultura internacional que enlazaba a grupos tan diversos como los magiares, armenios y chinos. La ruta experimentó períodos principales de popularidad y actividad en diferentes épocas y en diferentes puntos a lo largo de su longitud: en el oeste, su apogeo fue la época del Imperio Bizantino; en la sección del Nilo- Oxus, desde el período del Imperio sasánida al del Ilkanato; y en la zona sinítica desde el período de los Tres Reinos hasta el de la dinastía Yuan. El comercio entre Oriente y Occidente se desarrolló también por mar, entre los puertos de Alejandría, en Egipto, y de Guangzhou, en China, siendo fomentado a lo largo de todo el Océano Índico. Bajo su fuerte dinámica de integración, por un lado, y de los impactos de cambio que transmitía, por otro, las sociedades tribales que previamente vivían en aislamiento a lo largo de la Ruta de la Seda o de pastores que procedían de un desarrollo cultural bárbaro, se sintieron atraídos por las riquezas y las oportunidades de las civilizaciones conectadas por la ruta, teniendo en las rutas de merodeadores o mercenarios. Muchas tribus bárbaras se convirtieron en cualificados guerreros capaces de conquistar ciudades ricas y tierras fértiles, y forjar fuertes imperios militares.

La Ruta que proponemos es de las menos conocidas y tal vez la más interesante. Con comienzo en Taskhent y final en Pekín, será un recorrido ciudades históricas e increíbles como Samarkanda, Bukhara, Khiva, Kashgar y Xian no nos dejarán indiferentes. Contemplaremos una gran diversidad de paisajes: desiertos, hermosas praderas donde se asientan los nómadas en sus yurtas en verano y que utilizaremos para dormir, altas montañas nevadas como el Kongur o el Mustagh Ata, míticos pasos de la Ruta como el Torugart o el Kunjerab, oasis míticos como los de Kashgar y Dunhuang. Atravesaremos el corredor de Hexi y rozaremos la meseta tibetana en Xiahe.

Contactaremos con una gran variedad de grupos étnicos: uzbekos, kirguises, tayikos, uigures, han, hui, tibetanos.

Toda la ruta  rezuma espiritualidad, no olvidemos que en gran medida el budismo llegó a China a través de la Ruta de la Seda. El islam tuvo su apogeo e influencia y se sigue manteniendo en Kashgar con los Uigures y en Gansú con los Hui. No nos dejarán indiferentes las cuevas de Mogao, o el monasterio de Labrang donde se manifiesta el compromiso de los tibetanos con su religión.

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