viernes, 4 de noviembre de 2016

la muerte de Cleopatra

uando el 12 de agosto del año 30 a.C. los soldados de Octavio irrumpieron en las estancias de la última reina de Egipto, Cleopatra VII, se encontraron un espectáculo sobrecogedor: la soberana yacía exánime sobre su lecho real, con una de sus doncellas moribunda a sus pies y la otra, a punto de derrumbarse, retocándole la diadema. Los intentos de los soldados para reanimar a la soberana fueron vanos: las tres mujeres acababan de suicidarse. Los soldados vieron en el brazo de Cleopatra dos ligeras punzadas, lo que hizo pensar que había muerto a causa de la mordedura de un áspid. Otros creían que había ingerido algún veneno. Como quiera que fuese, el suicidio resultó una victoria póstuma de Cleopatra: Octavio no podría llevársela viva a Roma y exhibirla de un modo humillante en la procesión triunfal con la que pensaba celebrar su conquista de Egipto. Marco Antonio, el amante de la reina, se había librado del mismo destino suicidándose también él unos días antes.
El destino de Cleopatra y Marco Antonio había quedado sellado un año atrás, en septiembre del año 31 a.C., cuando su flota fue derrotada en la batalla de Actium por el ingenio de Marco Agripa, general y mano derecha de Octavio. Cleopatra regresó a Alejandría, su capital, y poco después Marco Antonio se reunió con ella. El ambiente cortesano que había surgido en torno a la ostentosa pareja decayó rápidamente por el miedo a su inminente caída en desgracia. Quedaban atrás los días de chanzas y francachelas, entre la alegre compañía de bebedores y aduladores en la sensual Alejandría, cuando se llamaban a sí mismos los «inimitables» (amimetobioi). Sus tropas y partidarios desertaron en masa, y solo quedó junto a Antonio un círculo de amigos fieles dispuestos a compartir su destino y que cambiaron su nombre por el más apropiado de «compañeros en la muerte» (synapothanoumenoi). En efecto, a medida que Octavio se aproximaba a Alejandría, Marco Antonio y Cleopatra comenzaron a pensar seriamente en quitarse la vida antes de que los capturaran.
Cleopatra VII, reina de Egipto, murió en Alejandría (Egipto) a causa de suicidio provocado por envenenamiento por una mordedura de serpiente, el año 30 antes de Cristo, a los 39 años de edad. Nació el año 69 a.C. también en Alejandría.
Las fuentes antiguas, en particular los romanos, están de acuerdo en que Cleopatra se envenenó a sí misma induciendo a una serpiente áspid a morderla. La fuente más antigua es Strabo, que estaba vivo en el momento del acontecimiento, y podría haber estado incluso en Alejandría (Egipto). Él dice que hay dos teorías: que Cleopatra se aplicara un ungüento tóxico o que fuera mordida por un áspid. Varios poetas romanos, que escribieron diez años después del acontecimiento, mencionan las mordeduras de dos serpientes. Florus, un historiador, también lo corrobora aproximadamente 150 años más tarde. Velleius, sesenta años después del acontecimiento, también se refiere a una serpiente.

Plutarco, que escribió sobre ello aproximadamente 130 años después del acontecimiento, proporciona la fuente principal sobre la muerte de Cleopatra. Él declara que Cleopatra fue encontrada muerta, con su criada Iras muriendo a sus pies, y otra criada, Charmion, ajustando su corona antes de morir también. Plutarco cuenta que una serpiente fue ocultada en una cesta de higos que le llevó un campesino a Cleopatra, y al encontrarla después de comer unos higos, ella puso su brazo para que lo mordiera. Otros relatos cuentan que la serpiente fue escondida en un florero, y que ella la empujó con un huso hasta que le mordió en el brazo. Finalmente, Plutarco cuenta que en la marcha triunfal de Octaviano en Roma, fue parte del desfile una efigie de Cleopatra con una serpiente enroscada sobre ella. Suetonio, que escribe en la misma época que Plutarco, también relataba que Cleopatra murió de una mordedura de serpiente.
Otros autores, sin embargo, dudan de la hipótesis del suicidio y acusan a Augusto de haberla matado.
En 2010, el historiador alemán Christoph Schaefer desafió todas las teorías anteriores, declarando que la reina fue en realidad envenenada y murió por beber una mezcla de venenos. Después de estudiar los textos históricos y consultar con toxicólogos, el historiador concluye que una serpiente áspid no pudo haber causado una muerte lenta y sin dolor, ya que el veneno de áspid (cobra egipcia) paraliza las partes del cuerpo, empezando por los ojos, antes de causar la muerte. Schaefer y su toxicólogo Mebs Dietrich concluyeron que Cleopatra utilizó una mezcla de cicuta, acónito y opio.
El lugar donde se encuentra su mausoleo es incierto, aunque el Servicio de Antigüedades de Egipto cree que está cerca del templo de Taposiris Magna, al suroeste de Alejandría.

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