martes, 22 de noviembre de 2016

Juliano el Apóstata

Destinado a la frontera del Rin, luchó eficazmente contra los germanos y reforzó las fortificaciones de la Galia; el prestigio militar que adquirió en aquellas campañas hizo que las tropas, amotinadas contra la orden de trasladarse a Oriente, le proclamaran emperador en Lutecia (París) en el 360. Marchó contra Constancio II, pero no llegó a combatir con él, pues la muerte del emperador en el 361 le franqueó a Juliano la entrada en Constantinopla. 

Durante su breve reinado, restableció el paganismo como religión oficial, protegió a los judíos y trató de desmontar la influencia adquirida por los cristianos, aunque sin lanzar persecuciones religiosas (les prohibió ocupar cargos públicos y dedicarse a la enseñanza). Emprendió un programa de reformas tendente a aligerar la burocracia y combatir la corrupción.
Su última acción fue una campaña victoriosa contra los persas, que le llevó hasta el corazón de Mesopotamia (363); sin embargo, cuando se retiraba por falta de víveres, fue herido de muerte en una escaramuza. Le sucedió al frente de las tropas (y también del Imperio, en cuanto Juliano murió) un militar panonio llamado Joviano, que restableció oficialmente el cristianismo, ya muy arraigado entre las masas populares.

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