lunes, 24 de octubre de 2016

Omar Jayan

ayam nació el 18 de mayo del año 1048 en Nishapur, donde también murió, probablemente en 1131. Allí y en la ciudad de Balj recibió una sólida educación en ciencias y filosofía. En el  1070  se trasladó a Samarcanda, donde el patrocinio del jurista Abú Taher le permitió completar su tesis de álgebra Con ella logró gran reconocimiento y prestigio, hasta el punto de ser llamado por el sultán Malik Shah I  quien le encargó la construcción de un observatorio astronómico en Mary (actualmente Mary, en Turkmenistán), según consigna Nizam al Mulk  en su libro Siasat Namé, en colaboración con otros siete astrónomos y matemáticos, entre ellos Jazení y Meimún.
La leyenda afirma que en su juventud llegó a entablar amistad con el reformador religioso Hasan  y el político Nizam.

Omar Jayam realizó relevantes investigaciones en astronomía, principalmente la corrección del antiguo calendario zoroástrico . Desde entonces se adoptó una nueva era, conocida como yalali  o el seliuk . En 1092  realizó su peregrinación a La Meca, según la costumbre musulmana . A su regreso a Nishapur  trabajó como historiador  y maestro de matemáticas, astronomía, medicina y filosofía, entre otras disciplinas.
En 1094, tras la muerte de su padre, escribió un trabajo literario en su lengua materna, el persa (también conocido como dari, hablado en Irán, Tayikistán parte de la India y parte de Pakistán). Sus poemas destacan por la delicadeza y sutileza de su lenguaje. Como filósofo, Omar Jayam fue materialista, pesimista y escéptico.
La obra poética más destacable de Omar Jayam son las Rubaiyat recopilación de hasta un millar de cuartetas que hablan sobre la naturaleza y el ser humano. Rubaiyat es el plural de rubaí, que significa precisamente cuarteta.
La lectura de las Rubaiyat significa un acercamiento a la literatura oriental. Contiene un profundo sentido humano que canta los deleites del amor y los goces de la vida, que, con las transposiciones de amargura y optimismo, conforman el carácter del individuo acentuado en su realidad. La vida exige al hombre duros sacrificios porque es esclavo de sus propios prejuicios. Entre tantos absurdos, no disfruta de su efímera existencia. Jayam quiere convencer al hombre de que está equivocado y lo invita a que se despoje de dogmas y doctrinas, para así aprovechar los valores tangibles de la naturaleza.

No hay comentarios:

Publicar un comentario