sábado, 22 de octubre de 2016

Celta 2 Ajax 2

Resta la duda sobre las decisiones del entrenador porque hay momentos en una temporada en los que el bálsamo de la victoria prevalece sobre terapias contra el cansancio. Enfrente, el Ajax no sucumbió a la tentación de dosificar esfuerzos por más que el domingo también le espere un clásico ante el Feyenoord que además puede marcar un punto de inflexión en el campeonato porque en juego está la opción de reducir la desventaja con el líder a dos puntos o ampliarla a ocho. Suele ocurrir con equipos en buena racha, y el Ajax atraviesa una de ellas, que duele tocar alguna pieza. Así, apenas faltó el lesionado mediocentro Schöne en el
 once tipo que se marchó de Vigo tras mantener el invicto en sus diez últimos partidos. Schöne, que ya pasa de los treinta, es el contrapunto en un equipo párvulo. El central Viergever tiene 27 años, Gudelj y Veltman están en los 24 y el resto de futbolistas que comenzaron el partido en Balaídos no llegan a esa edad. Un portero y un central de 20, un delantero de 19. Ese es el Ajax, frescura, talento y un estilo irrenunciable. También un punto de candidez que le hizo penar en las acciones a balón parado, mal defendidas ante un rival como el Celta que tampoco suele destacar en esa faceta. Así logró Fontàs enjugar la primera ventaja holandesa.

Porque el Ajax empezó con buen tono, pero no lo mantuvo, lo recobró y lo perdió. Fluctuó en su rendimiento y dejó estela de una inmadurez que le quita, pero también le da. El desparpajo lo mostró para adelantarse en el marcador tras una gran acción de Dolberg, un aniñado delantero que recuperó la pelota en la frontal de su propia área tras una falta lateral en contra, dejó atrás varios rivales a base de fortaleza y habilitó a Ziyech, el mediocentro, para que batiese a Rubén Blanco tras descolgarse en labores de finalizador. El Celta hizo entonces lo recomendable: empatar de inmediato. Fue una acción tan episódica como el tanto que había encajado siete minutos antes, fulgor en medio de la planicie porque Fontàs resolvió con la espuela y firmó un gol bellísimo en su ejecución.
El partido se igualó y eso era lo más justo porque matices al margen, más allá de las buenas intenciones, de detalles individuales y actitudes colectivas encomiables, nadie merecía la ventaja. Así lo pareció hasta que con media hora por jugar entró Orellana, estableció un par de conexiones y se hizo la luz. Se iluminó el Celta más barroco, el que se gusta, pero el Ajax apagó la bombilla en otra contra ante la que volvió a faltar prestancia y contundencia. Marcó Younes y de nuevo se evidenciaron dos factores: en primer lugar el de la debilidad zaguera del Ajax para defender el balón parado que pudo costarle un gol a remate de Roncaglia tras un saque de esquina; y en segunda instancia, que hay futbolistas que marcan diferencias incluso en situaciones límite. Orellana es uno de ellos. Cuando todo se le complicaba a su equipo y el reloj se desbocaba hacia el final exhibió su zurda para volver a empatar el partido con una obra de arte.

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