miércoles, 23 de marzo de 2016

Tercera victoria consecutiva para el COB

El COB ha pasado en un mes de agachar la cabeza y mirar hacia abajo en la clasificación a encadenar victorias, jugar gustándose y meterse en puestos de play off a una liga que ya le corresponde deportiva y administrativamente.

Cuatro victorias en cinco partidos y una sensación permanente de confort en la pista. Los que empiezan enseñan el camino, y los que vienen después siguen las migas con la seguridad de conocer ya el sendero. Ayer fueron Rivero y Barreiro los pioneros para luego sumarse Kapelan y amagar incluso con la sentencia cuando los refrescos todavía estaban mediados en las grada. Entre los tres exteriores empequeñecieron a un equipo impotente. 12 puntos de ventaja en el primer cuarto y 20 encarando la recta final del segundo (18-38).

El COB ha pasado de saber sufrir para ganar racaneando los puntos a entonar un 'sígueme si puedes' demoledor, vistoso y eficaz. Sin avisar, el equipo ourensano se maneja en la competición con la solvencia de los mejores y desde una progresión que no tiene techo a la vista.

El Castellón solo fue una víctima más de una eclosión lógica por la teoría generalista de los equipos con jugadores en formación, pero inesperada por su contundencia. Mucho y buen trabajo tiene que haber detrás de esa línea a seguir.

De reconocer con resignación que los 65 puntos eran una barrera insalvable, a coquetear día sí y día también con los 90.

Esta vez fueron 86 porque los ourensanos se empeñaron en encadenar pérdidas de balón a la misma velocidad que antes acciones de mérito. Por 23 llegaron a ganar los de Gonzalo García de Vitoria en pleno recital de Rowley bajo los aros. A tres se llegaron a poner los visitantes con todavía 44 segundos por jugar y con 30 balones regalados al contrario.


Y ahí también ha cambiado el guión. La moneda ahora cae cara cuando el azar más influye y los finales que pueden escaparse caen en el saco por inercia.

Un palmeo salvador de Rowley, una falta que no se pita, seguridad en los tiros libres y novenos en la clasificación.

El pívot caribeño es el equilibrio. Ahora Rowley suma y suma con la eficiencia de quien lo hace por costumbre. Pasmoso. Mete los tiros libres sin inmutarse y pone el cartel de coto privado a las zonas sin aspavientos. 13 puntos, 16 rebotes y a la ducha.

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