martes, 29 de marzo de 2016

Agadé

Durante el Imperio Acadio Agadé se convirtió en una floreciente capital que vivía de los intensos intercambios comerciales y de las fortunas que provenían de todas partes del imperio. Así en la llamada maldición de Agadé se cuenta como gracias a la intervención de Innanna (la ishtar de los babilonios) la ciudad rebosaba de comerciantes, extranjeros y animales exóticos; los ciudadanos celebraban numerosas comidas en las que se degustaban grandes manjares; los metales y minerales preciosos abundaban y el puerto bullía de actividad. Este modelo de capital fue el que se repitió en los posteriores imperios mesopotámicos, pero fuera de este contexto una ciudad así no era sostenible, al carecer de la infraestructura agrícola necesaria para ser autosuficiente.
Hacia el 2260 A.C , Naram Sin , cuarto sucesor de Sargón y nieto suyo, llegó al trono del imperio acadio. Tras enfrentarse a numerosos rebeldes el rey se deidificó, construyéndose un templo en Agadé. La ciudad, que a diferencia de otras muchas de Mesopotamia no podía presentarse como lugar ancestral de culto, se hizo así sagrada con la dedicación al nuevo monarca-dios.
Al margen de esto, el reinado de Naram-Sin estuvo marcado por las constantes rebeliones que, tras la muerte del monarca, rebasaron la capacidad del imperio. Hacia el Siglo 16 A.C  con el reinado de Sharkalisharri  las ciudades sumerias y las regiones periféricas se independizaron. El imperio quedó reducido a las tierras próximas a Agadé. La lista real sumeria  menciona seis reinados posteriores al de Sharkalisharri que se prolongaron durante 50 años más, tras los cuales hace referencia a la caída de la ciudad ante los nómadas gutis . La llegada de los gutis está comprobada arqueológicamente y es posible que se extendiesen por toda la región del norte de Mesopotamia.
Se sabe que Agadé sobrevivió a la conquista de los nómadas, ya que sigue siendo mencionada en los textos posteriores hasta más o menos el  I milenio A.C  Sin embargo, nunca recuperaría una posición dominante en Mesopotamia.

Una leyenda sumeria, la misma maldición de Agadé que alababa sus riquezas, canta la caída de la ciudad ante los nómadas. Según este texto, el dios Enlil  está descontento con la ciudad y obliga a los demás dioses a retirarse de ella. Según se van retirándose la ciudad pierde las virtudes que estos le daban: sabiduría, consejo y las insignias reales como la corona y el trono. Naram-sin, advertido a través de un sueño, cae en una profunda tristeza. Decide esperar a que los dioses cambién de parecer y, cuando siete años después un oráculo le confirma que no ha sido así, cae en la desesperación. Decide forzar a Enlil dirigiendo su ejército a su templo, el cual ataca su estructura hasta derribarlo. Los soldados desvalijan las riquezas del edificio y queman las vasijas sagradas. El dios Enlil decide vengarse y manda a los nómadas gutis contra la ciudad, los cuales arrasan con todo indicio de civilización. Este desastre hace que hasta el mismo Enlil se lamente, retirándose a ayunar. Los otros dioses, precupados por él, maldicen a la tierra de Acadia, tras lo cual llega la muerte y el olvido.
La ciudad de Acadia también es mencionada por primera vez en el antiguo testamento en el  génesis , donde se menciona que fue fundada por Nemrod, el mismo al que atribuye la fundación de Babilonia, de Erek (Uruk ), todas ellas en la tierra de Senar, Sumeria

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