sábado, 28 de noviembre de 2015

colección aviones de Tintín

Tintín, Haddock y Tornasol viajan a San Theodoros para reunirse con el general Tapioca quien les retiene sin hacerlos prisioneros. Durante el curso de una visita turística a una pirámide "pazteca", organizada con el fin de que Tintín sea «rescatado» por el general alcazar, son víctimas de una traición de Pablo (La oreja rota) quien intenta ayudar a los tapioquistas a que supriman a los cuatro amigos. Tintín se da cuenta de esta treta y consigue lograr que todos salgan con vida tras lo cual se dirigen al campamento de los guerrilleros Pícaros comandados por el general Alcázar.
Una vez en el campamento de Alcázar y sus guerrilleros los Pícaros, quedan patentes las pocas posibilidades de éxito del golpe de estado que pretende llevar a cabo el general Alcázar, debido a que sus soldados se encuentran permanentemente borrachos (debido a las cajas de whisky que les lanzan los aviones del general Tapioca). Tintín logra convencer al general Alcázar para que realice una revolución sin derramamiento de sangre (si bien lo hace no por confianza en las virtudes de esa "revolución" sino para salvar a la Castafiore, Hernández y Fernández, que entretanto han sido condenados, la primera a cadena perpetua y los segundos a muerte)y a cambio él se encargará de evitar que sus hombres se emborrachen. Usando un nuevo invento del profesor Tornasol que produce intolerancia al alcohol (y que ha sido probado por el Capitán Haddock sin que él lo supiera) logran que los hombres de Alcázar no puedan probar el alcohol.

Cuando planean el golpe, aparece un autocar perdido lleno de artistas belgas (los Alegres Turlurones) dirigidos por serafín latón  para participar en los festejos de Tapiocápolis. Usando los mismos disfraces del grupo de artistas logran entrar en la capita, tomar el poder y rescatar a sus amigos. En las viñetas finales, mientras Tintín, Haddock y Tornasol regresan a su país, veremos que la "revolución" de Alcázar no es tal sino un simple golpe de estado, pues no ha supuesto ningún cambio para el pueblo: los habitantes de las favelas de la capital siguen viviendo miserablemente bajo la estrecha vigilancia de la policía.

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