sábado, 31 de octubre de 2015

Ribeira do Piquín

Concello lucense  situado aproximadamente a unos 50 km de la capital. Entre su paisaje se encuentra el  río eo . Su territorio perteneció a asturias  hasta 1833
El ayuntamiento se encuentra situado en el Chao de Pousadoiro.
Es uno de los entornos más bellos de la zona, ya que se encuentran monumentos de gran belleza, como por ejemplo: la Iglesia de San Xoan de Baos o la de San Xurxo de Piquín. Esta última se encuentra situada cerca del río eo  y está situada en un pueblo llamado San Xurxo desde 1782.
Además en esta zona de Lugo fue donde vivio José Seivane, un famoso elaborador de gaitas y abuelo de una conocida gaitera llamada Susana Seivane, la cual en el mes de agosto de 2008 acudió a O Chao de Pousadorio para hacer un concierto en honor a su abuelo, al que le han colocado un busto en el pueblo.
Las fiestas patronales de esta zona son aproximadamente sobre el día 8 de agosto, y se celebran en O Chao de Pousadoiro, son unas fiestas llenas de buena gente, que va a divertirse y a pasar un buen rato con los vecinos, amigos, etc. Además estás fechas están muy cercanas a otras fiestas de un pueblo situado a unos 15 km aprox. este pueblo es Meira, donde sobre el día 13 de agosto comienzan sus fiestas patronales.


Podemos señalar la antigüedad del poblamiento de estas tierras, como lo demuestran los hallazgos arqueológicos que tienen continuidad a lo largo de las etapas más antiguas. Así, cerca de A pena de Nuria se conservan vestigios de un poblado primitivo y restos célticos o precélticos en A Insua. Enfrente de Montefurado se hallaron varias hachas de piedra, una punta de lanza de hierro y una fíbula de tamaño grande, también de hierro, moteada de tres líneas simétricas de gotas de bronce. Asimismo, es probable que el paso bajo tierra de Montefurado fuese efecto de la acción minera llevada a cabo por los romanos en la parte septentrional de la Gallaecia.
Pero la historia propiamente dicha del municipio de Ribeira de Piquín comienza en el siglo XI, con la restauración o fundación del Monasterio de Meira, que va a poner al descubierto el quehacer económico, social, cultural y religioso de unos pueblos que los documentos del convento meirense llaman de “tras la Sierra”.
En 1171, la condesa Sancha, hermana del rey Alfonso VII, hizo donación al monasterio de Meira “de la mitad de la villa de Piquín”, y en 1182 el conde Rodrígo Alvarez, maestre de Santiago, entregó al mismo y a su abad Vidal “de la parte que tenía en Santalla de Piquín”. Por su parte, el rey Fernando II dona, a su vez, en 1184, al abad y frailes de Meira “el realengo de Santalla de Piquín y del Casal de Piñeiro”. Y en el privilegio de posesión que otorga al año siguiente en Cáceres el mismo rey, al fijar los límites de los bienes de la abadía se dice que van “...de Montefurado adporium de Piquín...”. En 1233 el rey Fernando da al prior de Meira y a su comunidad “la tierra de las riveras de Piquín”.

En 1235 el abad y el convento de Meira pasan por una situación un tanto difícil, ya que sus vasallos y colonos son objeto de depredaciones y rapiñas. Para poner fin a tales desafueros, el convento da en encomienda a Arias Méndez “la tierra de las Riveras de Piquín con condición que defendiese las granjas, tierras y vasallos del monasterio”.

A pesar de las donaciones y encomiendas reales y particulares que se suceden ininterrumpidamente durante siglos, A Ribeira no pierde una cierta vinculación con A Pobra de Burón, cuya jurisdicción se extendía a casi toda la cuenca del Eo, señorío de los Osorio primero, y más tarde de los estados del conde de Altamira.
Cuando el capitán general de Galicia hace en 1702 requerimiento a los hidalgos de la jurisdicción de Meira “para que partan en real servicio en defensa del Reino”, Diego Díaz de Freixo, “de edad de treinta y dos poco más o menos”, dice que es pobre y sin caudal alguno; Pedro Díaz de Freixo, “de edad de unos cincuenta años”, dice que “está achacoso de ciática y pobre de corto caudal”. El comportamiento de los hidalgos de estas tierras, un siglo más tarde, es muy diferente. Se levantan “todos a una” para defender sus tierras y sus libertades contra el francés. Constituidos en milicias populares, inflingen serios reveses a las tropas del general Mauricio Mathie, acampadas en Santalla. Al mando del merino y justicia ordinaria de Luaces, Juan de Neira y Feijoo, hostigan una y otra vez a las fuerzas invasoras. Evacuados de A Ribeira los franceses, se unen a los soldados del marqués de La Romana que había puesto su cuartel general en Piquín para continuar su lucha. Asimismo, cuando en 1833 creen en peligro “sus fueros y sus tradiciones”, vuelven “a la guerra” para luchar contra el liberalismo extranjerizante engrosando las filas del señor de Bullán. Se levantan de nuevo al estallar la tercera guerra carlista, uniéndose a las partidas absolutistas de fray Gregorio Colmenero, cura de Seixosmil. Una de las acciones más sonadas de este convencido absolutista fue la toma de Castroverde en Septiembre de 1873. Traicionados sus leales seguidores, cayó en una emboscada preparada por las fuerzas gubernamentales y varios de sus incondicionales fueron ahorcados en la plaza del pueblo”

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