sábado, 31 de octubre de 2015

La guerra civil en Ciudad Real

Se formarían en Ciudad Real varias unidades que inmediatamente partieron para el frente, sobre todo hacia la zona extremeña. Almadén era uno de los puntos clave de la provincia, tanto por su situación estratégica, en el camino hacia Andalucía, como por su riqueza minera. Entre las primeras unidades constituidas estaba la columna Miajada, organizada por el militante socialista Buenaventura Pintor, que el 30 de julio salía con destino inicial al frente de Córdoba, aunque posteriormente era desviada hacia Miajadas, en la provincia de Cáceres. Tras un primer encuentro con una columna enemiga, salida precisamente de esta última ciudad, se produjo una desbandada general de sus miembros, muchos de los cuales regresaron precipitadamente a Ciudad Real. Otra fue la columna Mérida, compuesta por 700 milicianos de la capital y de algunos pueblos de la provincia. A su frente iba el propio gobernador civil Vidal Barreiro. Su objetivo era Mérida. Al igual que la anterior sufrió un serio descalabro, producto fundamentalmente de la improvisación y de la falta de preparación y profesionalidad.

Entre los batallones de voluntarios, cabe recordar el batallón Adelante, organizado tras el regreso de la columna Mérida. En su reclutamiento y organización destacaron el capitán Cardeñoso, el teniente Tamayo y los alféreces de milicias Antonio Cano Murillo y Calixto Pintor. Estaba acuartelado en el antiguo colegio de los Marianistas y las prácticas de tiro las realizaba en la Atalaya. Su objetivo militar fue Talavera de la Reina. En su primer combate tuvo 30 heridos y dos muertos, uno de ellos Francisco Adamez, destacado miembro de las juventudes Socialistas Unificadas, cuyo entierro el 13 de septiembre fue una multitudinaria manifestación de duelo.

En noviembre se organizó el batallón José Serrano, nombre que tomaba del gobernador civil, que había regresado del frente donde había formado parte de la columna Mangada. En diciembre estaba destacado en Villarrobledo y en marzo de 1937 integrado en la 19 Brigada Mixta que operaba en el frente del Jarama. En enero de ese mismo año, la UGT organizaba el batallón José Maestro, con más de 500 componentes, que se incorporaba a la Brigada 32, y dentro del batallón Largo Caballero, combatiría en el frente de Madrid. Por su parte, Unión Republicana organizaría el batallón Martínez Barrio, formado por 575 hombres.


El tesoro artístico sufrió también un duro golpe. La iglesia más afectada en daños había sido la catedral, utilizada primero como garaje y desde 1937 como cuartel. Aparte de la destrucción de la imagen de la Virgen del Prado, producida en fecha imprecisa en el verano de 1936, habían sido también destrozadas varias de las figuras del apostolado del retablo mayor, así como los altares e imágenes de las capillas laterales y la magnífica sillería del coro presidida por el sillón procedente del monasterio de Uclés. También el órgano colocado en 1907 fue destruido.
Se demolieron dos iglesias que ya estaban en situación muy ruinosa, la del antiguo convento desamortizado de San Juan de Dios, en la calle de Ruiz Morote, y la de los frailes carmelitas, junto al hospital, también sin culto desde la desamortización.

Una de las pérdidas mayores, desde el punto de vista artístico, fue la de todas las imágenes de los «pasos» de la Semana Santa, que ya contaba con una antigua tradición y un prestigio religioso y cultural en la región. Entre ellas había esculturas de los siglos XVII y XVIII procedentes de los talleres de Montañés o de la Roldana. Al lado de las imágenes procesionales, piezas escultóricas de singular valor destruidas fueron la Virgen de la Blanca, una talla del siglo XIII que conservaba la parroquia de Santiago, la Virgen de Alarcos, del siglo XIV, que presidía el santuario del cerro, y la Virgen de la Guía, una talla del siglo XVII, sentada en un sillón, procedente de Mejico y recubierta de plata.

Por su reciente recuperación parcial merece unas líneas aparte el portapaz procedente del monasterio de Uclés, que tras la desamortización formó parte del tesoro de la catedral, siendo indudablemente su pieza más valiosa. En una de sus «Efemérides Manchegas», Francisco Pérez, «Antón de Villarreal», terminaba preguntándose: «¿Querrá Dios que algún día vuelva a enriquecer el tesoro de nuestra catedral-basílica el famoso portapaz de los caballeros de Uclés?» La pregunta iba a tener inesperada respuesta en el año 1986, justamente en el cincuentenario de su desaparición. De este hecho se hicieron eco todos los medios de comunicación, tanto locales como nacionales, que dedicaron su atención a describir aquella hermosa pieza formada por una placa de jade, de estilo bizantino, labrada en el siglo XI representando una «Anástasis» o bajada de Jesús al seno de los justos, enmarcada posteriormente en el siglo XVI en el taller conquense de los famosos plateros Becerril. Propiamente la joya constaba de dos piezas: la placa bizantina de jade y su precioso marco de plata dorada y esmaltes. Fue una de las piezas expuestas en la Exposición Internacional de 1929, asegurada por entonces en doscientas cincuenta mil pesetas.
Los hechos han venido a comprobar su sustracción en agosto de 1936, su paso por la Caja de Reparaciones del Ministerio de Hacienda, su posterior desguace para ser fundida su parte metálica y la existencia de 15 figuras, arrancadas de su marco quizá no susceptibles de ser fundidas por estar cubiertas en parte de esmaltes.

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