sábado, 27 de junio de 2015

la guerra civil en León

La provincia de león  formaba parte de la 8ª  división orgánica , con cuartel general en a coruña  Las fuerzas militares de la provincia estaban formadas por el regimiento de infanteria de burgos núm. 31 (coronel vicente lafuente , con un batallón  en león  y otro en astorga ), que pertenecía a la 16ª brigada  de Infantería (general carlos bosch ), con cuartel general en León; y el grupo de reconocimiento aeroeo núm. 21, con base en el aerodromo de la virgen del camino , formado por dos escuadrillas . Existía también una comandancia  de la guardia civil,  con tres compañias , y una sección del cuerpo de seguridad y asalto , con otras tres compañías. Fuera de León (unos mil hombres) y Astorga (unos 350 hombres), sólo era significativo el cuartel de la Guardia Civil de ponferrada , con unos 20 hombres. En los planes golpistas del general emilio mora  la 8ª División orgánica no tenía como objetivo marchar sobre madrid , sino contener a las masas revolucionarias asturianas.
 A primera hora de la tarde los mineros salieron de León en dirección a benavente  una parte por carretera y otra en el ferrocarril Astorga-plasencia . El general Caminero salió también de León el domingo por la tarde, pero por causas poco claras, pasó a portugal  regresando a España por  badajoz  para reincorporarse a las órdenes del gobierno republicano.


El lunes 20 todo León y provincia estaban paralizados por la huelga general , pero el gobernador civil se negaba a entregar armas a los sindicatos obreros. Mientras tanto, alejado el peligro de las columnas mineras, los oficiales golpistas detuvieron al teniente coronel de la Guardia Civil, ocupando su lugar el comandante Medina Montero, y al teniente jefe de la Guardia de Asalto. A las dos de la tarde salieron las tropas del cuartel de Infantería, junto con los guardias, ocupando el ayuntamiento, la telefónica , la estación de radio y -tras un breve tiroteo con voluntarios y guardias de Asalto- el gobierno civil, donde fueron detenidos el gobernador, el alcalde, el presidente de la Diputación y otros dirigentes locales. Por su parte, el comandante jefe del aeródromo puso la base al servicio de los sublevados.
El mismo día 20, a mediodía, la Guardia Civil y los militares se hicieron sin problemas con el control de Astorga, después de que pasara, de regreso a Asturias, el famoso convoy de mineros, tras conocer la noticia de la traición del coronel Aranda, que había unido oviedo  a la sublevación. En la capital provincial, un grupo de obreros resistió varias horas en la Casa del Pueblo, a pesar de que el ejército colocó una ametralladora en la plaza de la República, disparando contra la sede obrera.

Una vez nombrado un nuevo gobernador civil (un militar), se siguió el esquema habitual: se llamó a los puestos de la Guardia Civil de toda la provincia para que los comandantes de puesto proclamaran el estado de guerra. Después se destituía y detenía a los alcaldes y concejales del  frente popular,  y a otros significados izquierdistas y republicanos, y se nombraba una nueva gestora municipal formada por derechistas.

Las organizaciones obreras, aunque ofrecieron resistencia, carecían por completo de jefatura y coordinación. Prueba de ello es que el día 23 varias columnas mineras atacaron la capital con fuerza, peleando toda la noche y hasta la mañana del 24, pero no lograron sobrepasar los barrios periféricos.
Los jefes militares sublevados organizaron tres columnas, formadas por guardias civiles, de Asalto, soldados y voluntarios, para imponer el nuevo orden en la provincia y establecer contacto con Valladolid y Zamora. Se formaron varias centurias de Falange que, unidas a los uniformados, entablaron combate con los defensores del orden constitucional en numerosos pueblos de los valles mineros.
Como resultado de las acciones bélicas de aquellos días, en agosto se fue creando una línea de frente al norte de la provincia. Las fuerzas gubernamentales controlaban los puertos y la vertiente sur de los macizos montañosos que separan León y Asturias, mientras el control de los sublevados empezaba en la tierra llana.
Durante todo el resto del año 1936 se produjeron fuertes combates por el control de los puertos. En los primeros meses de 1937 la situación se tranquilizó un poco, pero en los meses de septiembre y octubre los nacionalistas lanzaron una gran ofensiva y se adueñaron de todo el norte. Por otra parte, durante varios años pervivió el fenómeno de la guerrilla antifranquista  en el Bierzo y la zona norte de la provincia.


No hay un cálculo oficial de víctimas en la contienda nacional en la provincia de León. A los fusilamientos siguió una depuración de personas afines a la República, muchas de ellas enterradas en fosas comunes que aún hoy son objeto de controversia. A los que murieron en el frente, en la Montaña de León, en ambos bandos, se suman los denominados «paseos», una manifestación de violencia que no pasó por ningún tipo de juicio previo. Según el investigador Javier Rodríguez, en 1936 y 1937 las ejecuciones irregulares superaron en número a las ejecuciones derivadas de sentencias dictadas por tribunales militares. «Durante estos años fueron muy pocas las víctimas mortales que tuvieron la oportunidad de pasar por consejos de guerra; la mayoría murieron en los llamados «paseos» que aunque protagonizados por grupos de civiles armados, eran consentidos y fomentados por las autoridades».

Los escenarios más conocidos fueron los montes de Valverde del Camino, Villadangos, Casasola, San Isidro; además del Campo de Fresno, Montearenas en Ponferrada, el depósito de máquinas de la azucarera de León o el polígono de tiro de Puente Castro. «Los Registros Civiles de la ciudad de León, Gradefes, Cuadros, Villadangos, Valverde de la Virgen tienen en su sección de defunciones muchas hojas encabezadas por «sujetos desconocidos» o «varón sin identificar».
Entre 1936 y 1939, San Marcos se convirtió en campo de prisioneros. Tras la caída del frente norte, el 21 de octubre de 1937, entre 10.000 y 12.000 milicianos leoneses habían permanecido al lado de la República sufrieron prisión o fueron asesinados. Sólo San Marcos contó con una población reclusa de 7.000 hombres y 300 mujeres. También fue utilizada como cárcel una antigua fábrica de curtidos en el barrio de Santa Ana y la propia prisión provincial.

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