jueves, 26 de marzo de 2015

fermín salvochea

Anarquista español. Era miembro de una de las familias más acomodadas de Cádiz, que lo envió a estudiar a Inglaterra cuando cumplió quince años de edad. Durante su estancia en el extranjero entró en contacto con el socialismo utópico, ideología con la que se sintió plenamente identificado. A su regreso a Cádiz en 1862 se unió al grupo gaditano de socialistas utópicos.

 Fermín Salvochea Álvarez (Cádiz, 1842-1907) es uno de los ejemplos más redondos de las relaciones entre el mundo republicano federal y el anarquista de las últimas décadas del siglo XIX y la primera del XX. Participó en la revolución de 1868, se destacó en la defensa de sus conquistas, encabezó la revuelta federal en 1869 y sufrió por ello exilio y prisión. Impulsor del cantón gaditano en el verano de 1873 pasó un largo periodo en prisión, de la que saldría ya convertido en anarquista. Desde entonces y hasta su muerte, e incluso -como demuestra la edición de este libro- más allá de esta, su figura traspasó la línea de la historia para entrar en la del mito.


Fermín Salvochea y Álvarez nació en Cádiz el día primero de marzo de 1842. Su padre era un comerciante de fortuna, heredero de una de esas familias de negociantes que tan importante papel han desempeñado en la vieja ciudad mercantil. Claro está que Fermín recibió una educación cuidadosa. Su padre, siguiendo una arraigada tradición de familia, tenía la intención de hacer de él un hábil comerciante a fin de poder entregarle más adelante sus negocios.
La primera juventud de Fermín fue pacífica y dichosa en todo sentido. Se distinguía por su inteligencia extraordinaria y por las cualidades valerosas y caballerescas de su carácter, que dejaba entrever desde su infancia. Su madre, mujer admirable, le refería en su niñez las leyendas y tradiciones de la ciudad de Cádiz, tan ricas y fantásticas como un capítulo de Las mil y una noches y el pequeño Fermín la escuchaba leyendo las palabras en sus labios. Esas historias románticas ejercieron profunda influencia sobre el muchacho y a menudo recordaba, en medio de su vida tormentosa, aquellas horas felices.

Salvochea comenzó a ser conocido en los ambientes políticos nacionales cuando en 1866 participó en los sucesos del cuartel de San Gil. Sus ideas le llevaron a participar junto a sus colegas en la Revolución de septiembre de 1868, que había sido promovida por los republicanos federales. Fue elegido miembro de la Junta Provincial del Gobierno Provisional promovido por los rebeldes. Por su participación en estos acontecimientos fue condenado a prisión; estuvo preso durante dos meses.
Tras su liberación se unió en 1869 a la insurrección fracasada de los federales radicales, y luego participó en las guerrillas de la serranía de Cádiz; tuvo que huir del país y establecerse en París. Una amnistía le permitió regresar a España en 1871, año en que fue elegido diputado para las Cortes Constituyentes y, también, designado alcalde de Cádiz, cargo que conservó hasta 1873.
En octubre de 1871 se afilió a la I Internacional. Se unió al movimiento cantonalista que tuvo lugar en España en el verano de 1873. Fue elegido presidente del comité administrativo del cantón de Cádiz, cargo que ejerció durante los meses de julio y agosto. Tras el fracaso del movimiento cantonalista fue detenido y condenado a cadena perpetua. Fue encarcelado en el presidio del Peñón de la Gomera. A pesar de que le fue ofrecido el indulto, Salvochea se negó a aceptar cualquier medida de gracia. Logró huir del presidio en 1883, y se refugió en el extranjero.
La amnistía general concedida en 1886, tras la muerte de Alfonso XII, le permitió regresar a España e instalarse en su Cádiz natal. A su llegada fundó el diario El Socialista, publicación de ideología ácrata que dirigió hasta 1891. El 1 de mayo de 1890 organizó una manifestación en Cádiz en la que se pedía el establecimiento de la jornada laboral de ocho horas. Al año siguiente volvió a organizar una nueva manifestación, pero esta vez se produjeron una serie de tumultos, por lo que el anarquista fue detenido.
Este mismo año fue encarcelado bajo sospecha de esconder bombas en su domicilio, aunque fue declarado inocente por el tribunal que lo juzgó. Sin embargo fue condenado a doce años de prisión por su participación en los sucesos de Jerez del 8 de enero de 1892. Cumplió su condena en los penales de Valladolid y Burgos. 

Salió de la cárcel en 1899 tras recibir el indulto, y fijó su residencia en Madrid. En esta ciudad realizó una intensa actividad propagandística del anarquismo, para lo cual aprovechó el gran prestigio que le habían proporcionado sus largos años de cautiverio y lucha política. Pocos meses antes de su muerte tuvo que refugiarse en Tánger, ya que era buscado por las autoridades por haber cometido un delito de imprenta.
Salvochea publicó a lo largo de su vida numerosos artículos en las principales publicaciones anarquistas y socialistas de España. Tradujo varias obras de Kropotkin y escribió algunas obras de teatro menor, entre las que destacó Cada Mochuelo a su Olivo, que llegó a ser estrenada en Cádiz.

El escritor valenciano vicente blasco ibañez  creó un trasunto de Salvochea en su novela "La Bodega", llamado Fernando Salvatierra. Durante la segunda república , mientras en Cádiz se discutía la erección de un monumento en su honor, el pueblo de el campillo, en la  provincia de Huelva , cambió su nombre por el del anarquista gaditano. Ya en la guerra civil española , una de las columnas de la CNT  que luchó en aragón contra las tropas sublevadas, tomó el nombre del alcalde gaditano. El ayuntamiento democrático de los años 80, en Cádiz, le dedicó calle y busto. Su figura sale de manera recurrente y, desde una perspectiva localista, en los Carnavales de la ciudad. Una facción de la hinchada del cádiz cf  se denomina a sí misma "Columna Salvochea". En la actualidad, el ateneo libertario de la ciudad, un instituto de Enseñanza Secundaria y una asociación de vecinos llevan su nombre. Todavía hay en Cádiz quien deposita flores en su tumba.
Tras su muerte, fue conocido popularmente, en antítesis con el catolicismo dominante, como: "El Santo de la Anarquía".
El nauseabundo franquismo y la rancia españa capitalista y de derechas a intentado sepultar la memoria de uno de las personas más importantes e interesantes que dió nuestro país, más que un ser humano, todo un mito y ejemplo a seguir en todos los sentidos, Fermín Salvochea.

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