sábado, 30 de noviembre de 2013

whitechapel

capitulo 12



     Walter Sickert había salido de caza por Whitechapel así llamaba el a sus incursiones nocturnas por el miserable barrio. Quería empaparse de su misería, disfrutar de la desgracia ajena que tanto inspiraba a sus obras.
ver a esas putas alcoholicas andrajosas y desdentadas, le producían un frenesí indescritible y tenía la imperiosa necesidad de plasmarlas en un lienzo.
Whitechaepl era un lugar peligroso y nocivo para la salúd. El consumo de carbón había incrementado sobre todo entre los pobres. El viajero podía percibir el olor de londres varios kilometros antes de llegar allí.
El cielo estaba plomizo y las calles cubiertas de hollín y tanto los edificios de piedra como los de hierro sufrían los efectos de la corrosión. Algunas alcantarillas construidas en el tiempo de los romanos olían tan mal, que hubo que cegarlas. Tal era la contaminación que los habitantes del east end, se cubrían todos con un pañuelo. Joseph Conrad había dicho de whitechapel que cuando llovía había más grasa que agua.
Las condiciones de salubridad eran nefastas, pero las condiciones de vida no le iban a la zaga. El ejército de salvación liderado por william both, había echo un informe anual, según el cúal: había 5 millones de habitantes, contando las afueras de londres, de las cuales 32000 personas estaban en prisión, 30000 eran prostitutas, se contabilizaron 2297 suicidios, y 7 muertos por congelación en las calles, con más de 100 asesinatos por año.
Los que tenían más suerte iban a un doss- houses o pensiones nocturnas, dónde dormían los pobres, aunque rara vez podían repetir por carecer de recursos. En este ambiente Sickert, estaba cómo pez en el agua, iba vestido con harapos que había encontrando en un basurero para no llamar la atención.
Apesar de la psicosis que había en el barrio, la vida nocturna seguía siendo agitada, la gente tenía que llevarse algo a la boca.
Sickert disfrutó cómo espectador de una paliza que le propinaron 3 jóvenes a un boorracho para robarle sus roído abrigo y su botella de ron aguado, en el fondo de su ser, deseaba que esos 3 chicos, hubiesen matado a ese borracho.
También se lo pasaba en grande en los teatros con sus espectáculos de dudoso gusto, en las tabernas dónde las desesperadas prostitutas intentaban conseguir un cliente entre marineros borrachos, peléandose por ellos por elegir a un cliente, que mañana estaría en alta mar. En la calle fué abordado por unos niños y Sickert tiró un penique a la alcantarilla . Los niños colaban sus manos freneticamente por la alcantarilla intentando alcanzar el penique entre las inmundicias, y Sickert gozoso les propinaba patadas en el trasero para luego salir corriendo para evitar ser linchado.
Se permitía el lujo de tontear con prostitutas prometiendoles una noche en una cama y comida, quedando con ellas a intespetisbas horas de la noche en una plaza mal iluminada. Luego se esoncdía en un rincón de la plaza, y observaba cómo se desesperaban esperándolo, hacía esto para asegurarse que las prostitutas no tuvieran lugar dónde dormir.
" mis pequeñas travesuras" las llamaba. " que pena no poder contarselo a nadie" pensaba.Lo contaba a veces a su círculo íntimo, muy por encima y sin entrar en detalles. Se sentía poderoso, pintor famoso, proveniente de una familia acaudalada que se codea con lo más granado de la sociedad, nadie sospecharía de el.
Lo tenía todo, fama, dinero, pero estaba hambriento de aventuras. En los bajos fondos londinenses disfrutaba viendo la miseria, se empapaba de ella, y no tán sólo para tener temas para su obra pictórica, su vanidad se lo exigía. Se sentía un ser superior ante esos desechos humanos, estaba harto de la falsedad y buenas costumbres de la clase alta. Todo era guardar las apariencias y criticar por la esplada, en whitechapel podría ser el mismo. Y dar rienda suelta a sus instintos más bajos: la irá, la crueldad, humillar al débil, era cómo una droga para él.
Había sido una buena noche, aunque las había tenido mucho mejores. Cómo aquella que apaleó a un vagabundo borracho que dormía en un banco de un parque. Le había pegado con un palo de madera que encontró tirado, le golpeó varias veces en la cabeza, hasta dejarle el rostro completamente ensangrentado. No se movía el vagabundo, puede que incluso estuviera muerto, pero Sickert no lo comprobó porque salió corriendo.
Se le grabó la cara de ese hombre y no lo había vuelto a ver, no sabía si lo había matado, pero de ser así,  se alegraría enormemente. ¿ que diría su novia si lo supiera? estaba idea lo excitaba, se sentía poderoso.
Cnsado por tanta excitación se dirigió al estudio secreto que tenía alquilado en whitechapel. Se ataría su pañuelo rojo al cuello ( era un ritual para el pintor) y con cólera atacaría el lienzo, para plasmar lo que había visto.
Pintaria a la prostituta cón la que había quedado y dejó tirado en la congelada plaza, con lagrimas en los ojos y gesto de angustia. Disfruto viendo esa imagen, pero se imagino a esa misma prostituta degollada, y corrió por sus venas la sangre caliente cómo un cohete, hasta el punto de marearse. Con una sonrisa en los labios abrió la puerta de su estudio y con gesto cansado dejó el abrigo en el perchero. Se dirigio a su habitación y al encender las luces, tuvo un susto de muerto, había dos hombres con enormes sonrisas contemplandolo con sumo desprecio.
- buenas noches, sickert o...¿ e de llamarle jack el destripador?
to be continued.....

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