lunes, 16 de septiembre de 2013

la caída de la monarquía 1930

En enero de 1930, Primo de Rivera dimite al retirársele el apoyo del ejército y el rey encarga a Berenguer la formación de gobierno y la normalización de la situación política alterada por seis años de dictadura. El 30 de enero se forma el nuevo gobierno en el que, además de la presidencia, asume también la cartera de Guerra. Las esperanzas puestas en este gobierno, para la vuelta a la normalidad constitucional, que popularmente sería conocido como la disctablanda , se desmoronan en los partidarios de la república e incluso en los grupos monárquicos que fueron marginados por la dictadura. Estos pretenden una amplia revisión de la legislación emanada de la misma así como la reposición en sus cargos de diputados, concejales y catedráticos cesados por ella.
Con objeto de tranquilizar los ánimos, Berenguer afirma que el nuevo gobierno quiere la pacificación del país y la vuelta a la normalidad constitucional, prometiendo, entre otras cosas, la convocatoria de elecciones generales, a lo que se oponen los partidos tradicionales, desarbolados tras el paréntesis dictatorial. El movimiento obrero liberado después de años de represión incrementa sus protestas y se produce un incremento de los desórdenes públicos. Los partidos republicanos  se unen para provocar la caída de la monarquía  y firman en agosto de 1930 el conocido como pacto de san sebastían  y en diciembre del mismo año un levantamiento militar  intenta establecer la República en Jaca , siendo fusilados sus dirigentes, los capitanes galán y garcia hernández , tras fracasar en su intento.







A la vista de tantas dificultades, Berenguer convoca elecciones generales para el mes de marzo de 1931  pero los representantes políticos contestaron que jamás participarían en esos comicios, pidiendo la abstención. Ni siquiera los monárquicos como el conde de romanones  hicieron caso de esta propuesta: la gran mayoría sólo quería que Berenguer y Alfonso XIII abandonaran sus puestos. Así, Berenguer y su gobierno dimiten en bloque el 14 de febrero de 1931  lo que provoca que Alfonso XIII busque desesperadamente un sustituto, recibiendo las negativas de sus amigos incondicionales -el duque de  maura  el conde de romanones  y del marqués de alhucemas -, los cuales le aconsejaron otros hombres que consideraban más apropiados. Así, el primer consultado fue josé sánchez guerra , que, en principio, se negó. Luego lo intentó con melquiades alvarez , que también se negó. No obstante, Alfonso XIII tuvo mejor suerte en el siguiente intento con Sánchez Guerra, tras aceptar su petición de integrar a republicanos y socialistas moderados, pero éstos se negaron a establecer cualquier tipo de pacto con la Monarquía, y tras ese rechazo, el líder  conservador declinó definitivamente la oferta real. Por tanto, finalmente, tras una reunión de urgencia en el ministerio de guerra , Berenguer fue sustituido del cargo de presidente de gobierno por el almirante aznar , que presidió un gobierno de concentración monárquica, donde el propio Berenguer seguía ejerciendo como ministro de la Guerra.
El nuevo gobierno estableció una senda gradual para establecer la vuelta de la "normalidad constitucional" en España: el 12 de abril se celebrarían elecciones municipales, el3 de mayo  serían las elecciones provinciales y en el mes de junio se celebrarían las elecciones generales a unas Cortes Constituyentes para redactar una nueva Constitución que sustituyese a la constitución de 1876.
No obstante, la Monarquía no resistió siquiera la primera  prueba electoral y cayó ante la victoria republicana en las principales ciudades españolas. Se ha dicho que fue así porque en ellas no se podía dar el caciquismo electoral que controlaba las zonas rurales. Es sabido que las elecciones municipales de 1931 condujeron a la proclamación de la segunda republica española  el 14 de abril de 1931, pero en ello desempeñó un papel más importante la maniobra política de Miguel Maura, tal como él relata en sus Memorias (Así Cayó Alfonso XIII). Según dicho autor, los miembros de lo que horas después sería el gobierno provisional del nuevo régimen, descartaban su ascenso al poder en breve y pensaban en las elecciones generales que debían celebrarse meses después o en unas Cortes Constituyentes que saldrían de aquéllas. El relato de Josep Plà (Madrid 1931. El Advenimiento de la República) coincide con esa versión.

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