domingo, 19 de agosto de 2012

crisis del parlamentarismo español ( 1923)

Tras el fin del gobierno de Canalejas, el régimen de la Restauración comenzó su descomposición. Pasando, liberales y conservadores, de la colaboración al enfrentamiento. Incluso los mismos partidos estaban divididos en su interior, Alfonso XIII perdía la confianza en sus ministros y se acercaba al ejército. Crecieron los movimientos y protestas contra el sistema (republicanismo, mov. Obrero y nacionalismo).
  • Republicanismo.
Su ideología era el progreso económico, la democracia, una republica, la justicia social y el anticlericalismo. Apoyados por la pequeña y mediana burguesía, y miles de trabajadores. El Partido Radical era la principal organización republicana dirigido por Alejandro Lerroux.
  • Nacionalismo.
  • Catalanismo. La Lliga Regionalista, de Cambó, partido conservador y católico, reclamaba la autonomía dentro de la monarquía española. Pero también desarrollo una vertiente izquierdista y radical (Estat Catalá, Esquerra Republicana de Cataluña), que buscaba la ruptura con la monarquía española, la republica federal e incluso la independencia.
  • Nacionalismo vasco. El PNV exigió autonomía, comenzando a participar en el partido la burguesía industrial y financiera de Bilbao.
  • Mov. Obrero.
El triunfo en Rusia de la Revolución Bolchevique, 1917 dio más fuerzas al movimiento obrero español, con el proletariado revolucionario.
  • Anarcosindicalismo. Se fundó la CNT (1910), con líderes anarquistas, como Salvador Seguí o Ángel Pestaña. Defendiendo la acción directa, la violencia y el abandono de la política y los partidos, defendiendo los sindicatos. Andalucía vivió el Trienio Bolchevique (1918-1920), donde los jornaleros protagonizaron huelgas y ocupaciones de latifundios, exigiendo la reforma agraria. En Cataluña, la CNT organizo multitud de huelgas, atentados y sabotajes al empresariado, surgiendo el pistolerismo, que enfrento al terrorismo rojo de la CNT contra el terrorismo blanco del empresariado. Mientras que el gobierno también practicaba el terrorismo de estado, con leyes como la “Ley de Fugas”. Todo esto condujo a una situación insostenible.
  • Socialismo: PSOE, UGT. En 1910 el PSOE formo parte de una alianza electoral, la Conjunción Republicano-Socialista, consiguiendo así el primer diputado socialista en las Cortes, Pablo Iglesias. La UGT realizo muchas acciones de protesta, pero nunca participo en atentados terroristas. Tras una crisis interna el PSOE quedo dividido, fundando el PCE, Partido Comunista Español, apostando por la revolución proletaria y la toma del poder.


  • Crisis General o Estructural de 1917.
A partir del año 1917 la Restauración vivió una crisis general:
  • Problema militar. Juntas de Defensa: asambleas de oficiales de Infantería que querían defender sus intereses laborales. Descontentos por sus bajos sueldos y el desigual sistema de ascensos, que favorecía a los africanistas. El rey Alfonso XIII acepto muchas de sus quejas, y comenzó a confiar más en los oficiales que en sus ministros. Así el ejército volvió a tener protagonismo en la vida pública.
  • Problema Político. Asamblea de Parlamentarios. La Lliga Regionalista de Cataluña convoco una Asamblea de Parlamentarios contrarios a la Restauración, reuniendo a nacionalistas, republicanos y socialistas cuyas intenciones eran:
  • Renovación Política. Acabar con la Restauración.
  • Nueva organización territorial del Estado, dando autonomía a regiones históricas (Cataluña…).
Pero las grandes divergencias entre sus miembros, disolvió esta Asamblea. Los oficiales rebeldes de las Juntas de Defensa se opusieron a la Asamblea, por la participación de catalanistas y socialistas. Los socialistas querían llevar la Asamblea, hasta la misma revolución social, chocando con otros grupos más moderados. Mientras que los catalanistas se centraron exclusivamente en la reforma autonómica, acelerando el final de la Asamblea.

Por otro lado, los sindicatos CNT y UGT, se pusieron de acuerdo para celebrar una huelga general, seguida masivamente por todo el proletariado urbano.
  • Fracaso de gobierno de concentración nacional. 1917-23.
La creación de Gobiernos de concentración nacional, unía a los ministros liberales (de Romanones) y conservadores (de Dato) de la Restauración para dar soluciones, pero eran incapaces de resolver los graves problemas de España. Alfonso XIII acabo acercándose al ejército, como medida de excepción.
  • Desastre de Marruecos. Derrota de Annual.
La presencia española era combatida por las tribus rifeñas, lideradas por Abd el Krim. En Annual (1921), el ejército español sufrió una gran derrota, los rebeldes rifeños llegaron a amenazar Ceuta y Melilla. Fue entonces cuando el ejército español se dividió entre africanistas (partidarios de la guerra), y peninsulares (solución negociada).  El informe Picasso intento buscar responsabilidades al desastre, se incremento la oposición de socialistas y republicanos a la monarquía y crecía el rumor de un golpe de estado.


España era una monarquía europea que en este marco geográfico desempeñaba un papel de muy segundo rango. Periódicamente los políticos españoles mostraban algún interés por “hacer salir nuestras relaciones exteriores del aislamiento en que se encuentran”, como dijera Silvela en 1903, pero lo cierto es que España carecía de la suficiente potencia militar y económica para presentarse como un aliado deseable a cualquiera de las grandes potencias europeas. La vinculación mediterránea y sus intereses marroquíes ponían a la política exterior española en relación con la de Francia e Inglaterra; por eso los contactos con estas naciones eran más frecuentes e intensos. Pero como se demostró en el tema de Marruecos, sus intereses eran contrarios a los españoles y lo más habitual fue que, contrapuestos unos y otros, salieran perjudicados los nacionales. La diplomacia franco-británica se esmero en evitar que España entrara en el área de influencia alemana (estas naciones temían una enajenación parcial o  total de las Baleares o de Canarias), por su parte Alemania utilizó el acercamiento a España como un medio de atemorizar y dividir a sus adversarios.
De estas premisas hay que partir para llegar a entender la actitud española ante la primera guerra mundial. Cuando se produjo el conflicto, la postura tuvo que ser necesariamente de neutralidad, fundamentalmente por pura impotencia; como decía Cambó: “somos neutrales porque no podemos ser otra cosa” y la verdad de esta aseveración la admitía el intervencionista Unamuno cuando defendía la neutralidad como “una venganza inevitable”. Todos los grupos políticos reconocieron esta realidad, puesta en práctica desde el primer momento por el gobierno Dato, pero lo cierto es que distaban mucho de interpretarla de la misma manera. Como en Italia y Portugal, la guerra constituyó en España un motivo más (y especialmente violento) de enfrentamiento entre la derecha y la izquierda. Pero a diferencia de lo que sucedió en aquellos países, los gobernantes españoles (y entre ellos el rey, que ejerció una importante acción benefactora) supieron mantenerse en una efectiva neutralidad que libró a España de todos los inconvenientes sufridos por aquellos en la posguerra.
Para las derechas, Alemania y sus aliados representaban el orden y la autoridad. De ahí la paradoja de que el catolicismo español se convirtiera en defensor de una potencia protestante: el tradicionalista Vázquez de Mella afirmaba como argumento de política exterior la necesidad de “ser amigos de los enemigos de Inglaterra”, pero los principales sentimientos que apoyaban a la germanofilia eran los del autoritarismo. Para la izquierda, en cambio, al lado de Francia e Inglaterra estaba la causa “del derecho, la libertad, la razón y el proceso contra la barbarie”, como decía Lerroux. En muchas ocasiones, sin embargo, daqba la sensación de que la izquierda tenía como verdaderos enemigos no a los alemanes, sino a los germanófilos españoles; sensación que se repetía en la derecha en sentido contrario. Unamuno, por ejemplo, decía que los germanófilos eran “la beocia troglodita atudescada”” y “los absolutistas, los partidarios de los viejos resortes. Con frecuencia el apasionamiento de las filas y las fobias conducía a los más llamativos simplismos y paradojas.
Pero si la política española se vio gravemente afectada por el conflicto bélico, no menos importante fue el modo como la sociedad nacional sufrió el impacto de la guerra; hasta el punto de que recientemente se ha afirmado que esta tuvo una “entidad y trascendencia capitales en el desarrollo del capitalismo español”. Una verdadera riada de oro (valorable, según un economista, en unos 800 millones de euros) llegó a las arcas de los comerciantes e industriales. Y lo sucedido era en buena medida independiente de la actividad e incluso de los deseos de los dirigentes de la economía española; “sin que le naciese una arruga ni vertiese una gota de sudor el dinero corría hacia esos industriales y sus acciones se desdoblaban y volvían a desdoblarse con la fecundidad que solo era posible encontrar en algunos peces y en algunos insectos”.
Los efectos del conflicto sobre la economía española fueron los previsibles. Los productos tradicionales de la exportación española, que no solían ser de una rigidez grande en su demanda, se vieron gravemente perjudicados: era lógico que disminuyera la exportación de naranjas o de vinos. Pero el comercio español creció a buen ritmo: la balanza comercial tenía en los años de la preguerra un saldo negativo de entre 0,6 y 1,2 millones de euros, este se transformó bruscamente en un resultado positivo de entre 1,2 y 3 millones de euros. La razón era sencillamente que otra serie de productos de exportación habían experimentado una gran demanda en el mercado extranjero y que, por las especiales circunstancias de la guerra, se rentabilizaron algunos que hasta entonces habían sido escasamente competitivos. El caso más característico de los primero fue el de la minería de hierro vasca, que vio multiplicarse por catorce su cifra de negocio; en cuanto a los segundos, el principal ejemplo fue el carbón asturiano. Por sus difíciles condiciones de explotación, este se hallaba en clara desventaja frente a otros carbones europeos. Antes de la guerra se consumían en España alrededor de 7,5 millones de toneladas de carbón, de los que tres eran de importación extranjera. Pues bien, a partir del inicio de la contienda, la producción nacional aumentó anualmente entre un 10 y un 20% hasta alcanzar los 7 millones de toneladas en 1918 y posibilitar su exportación parcial al extranjero. En Asturias el número de mineros pasó de 17 a 40.000, y los beneficios de la empresa Dure-Felguera se multiplicaron por ocho. Otra industria nacional afectada directamente por la guerra fue la de los fletes. El aumento de la demanda mundial y las dificultades creadas por el bloqueo submarino alemán tuvieron como consecuencia una situación inmejorable para las navieras. Entre 1918 y 1920 se crearon 56 nuevas empresas de este tipo: los precios del transporte marítimo habían subido tanto (un 700% en algunos casos) que los dividendos de aquellas empresas pudieron ser del orden de un 500%. Las acciones de la naviera de Sota (un nacionalista vasco que en la posguerra recibiría el título británico desirpor los servicios prestados a esa Corona (se cotizaron al 3990%.
Tanto el caso de las navieras como el del carbón asturiano eran espectaculares, pero también efímeros: durante la posguerra muchas empresas pidieron una protección estatal que les resultaba imprescindible. En las minas de Asturias el rendimiento por trabajador no solo no había aumentado sino que era ostensible su disminución: de ello derivarían graves conflictos en el periodo inmediatamente posterior. Hubo otros sectores que crecieron quizás menos espectacularmente, pero su avance pudo mantenerse luego. En términos generales puede afirmarse que toda la actividad económica española se vio muy estimulada por la Primera Guerra Mundial, como se comprueba por lectura de unas cuantas estadísticas: para un índice de 1900=100, 1918 suponía 1072 en productos siderúrgicos y 560 en producción eléctrica.
La guerra mundial significó, por tanto, un paso muy importante en la industrialización española. Alimentó además una  nacionalización de la propia industria en un doble sentido: por un lado alimentó la intervención del Estado en estas materias, sobre todo a partir del momento en que se demostró el carácter efímero del crecimiento logrado en estos años y, por otro, gran parte de las inversiones extranjeras fueron rescatadas para el capital español. Al mismo tiempo el crecimiento elevadísimo de los precios de los alimentos tuvo como consecuencia una protesta obrera expresada a través de los sindicatos, a la que no supo dar respuesta el sistema político.
En efecto, los dirigentes políticos del momento (Dato, Romanotes, García Prieto) estaban muy lejos de ser capaces de enfrentarse con los problemas de la sociedad española en este momento de crisis. Dato era mejor expresión del sentimiento liberal-conservador que Maura, pero mucho más opaco. Romanotes y García Prieto estaba a una enorme distancia de Canalejas; solo Santiago Alba en el partido Liberal podía comparársele, pero su fuerza era mucho menor. El sistema político no tenía los recursos personales para enfrentarse con una situación cada vez más crítica.
La cuestión social había experimentado un cambio importante a partir de 1910 y, sobre todo, a partir del estallido de la contienda. Ante de 1914, una parte muy considerable del proletariado español permanecía vinculada a grupos republicanos (como el partido radical), mientras que el movimiento obrero tenía escasa importancia cuantitativa y se localizaba en zonas muy determinadas: apenas afectaba al 5% del proletariado y prácticamente no existían huelgas a nivel nacional. En las fechas indicadas las cosas comenzaron a cambiar. La UGT triplicó sus efectivos entre los años 1910 y 1912 y al año siguiente alcanzó la que sería su máxima cota en mucho tiempo, 147.000 afiliados, ya que posteriormente experimento cierta disminución .Pero no fue esto solo: una nueva generación de dirigentes empezó entonces a ocupar los puestos cruciales en el seno de la organización socialista, cuyo representante más significativo fue Julián Besteiro, un intelectual como lo eran todos ellos. Esto contribuye a explicar que muchos de los temas más frecuentes de discusión en el socialismo no sean ya los estrictamente sindicalistas o relativos a la transformación social: mantenimiento de la conjunción republicano-socialista, guerra de Marruecos, problema de la guerra mundial, etc. En todo caso, esta nueva generación de dirigentes controla estrechamente la organización sindical, no solo la política: en 1916, de los 11 miembros del Consejo Nacional de la UGT, 6 también formaban parte del PSOE. Con respecto al otro gran movimiento sindical, el anarquista, es a partir de 1914 cuando la CNT empezó a tener importancia. Se hallaba implantada esta organización fundamentalmente en Cataluña (de las 106 sociedades que la fundaron, 79 eran catalanas) y su arma preferida era la “huelga general”.
La crecida de los movimientos obreros tuvo consecuencias inmediatas. Los motivos de las huelgas empezaron a ser de carácter menos marcadamente local y muchas de ellas tenían como origen la exigencia de reconocimiento del propio sindicato. Existía, además un f actor que tendía agravar la protesta social, como era el alza de los precios. En principio dicha protesta tuvo un carácter más  bien espontáneo y solo a partir de 1916 las centrales se decidieron a canalizarla.
Al hacerlo lograron algo que siempre les fue especialmente difícil, colaborar estrechamente. En junio de 1916 se celebró una reunión conjunta CNT-UGT en Zaragoza y en diciembre de ese mismo año se decretó una huelga general de la que se afirmó que fue la más unánimamente seguida en la historia española. En marzo de 1917, un manifiesto conjunto, ambas centrales emplazaban al poder a que remediara el problema de las subsistencias, pues, en caso contrario, estaban dispuestas a utilizar el arma de la huelga general.
De todas las maneras la protesta obrera no fue más que una de las que surgieron en España al final de la primera guerra mundial. A ella hay que añadir la militar concretada en la aparición de unas Juntas, cuya principal figura fue el coronel Márquez, y cuyo objetivo una especie de reivindicación sindical de personas que por su condición de funcionarios veían también seriamente afectados sus sueldos por la evolución de los precios. Finalmente, los políticos de izquierdas y los regionalistas catalanes se quejaban de que sus reivindicaciones políticas no tenían respuesta puesto que el gobierno presidido por el conservador Eduardo Dato tenía suspendido el Parlamento para evitar mayores conflictos a causa de la guerra.. último, cuando en agosto de 1917 se produjo por parte de los regionalistas catalanes la convocatoria de una Asamblea en Barcelona, se descubrió que la posibilidad de colaboración entre todas estas fuerzas era mínima. La protesta obrera, alimentada por un conflicto ferroviario, se expresó en una huelga general, mientras que el ejército mantenía el orden en la calle y los regionalistas se retraían de la colaboración con la izquierda.

No hay comentarios:

Publicar un comentario