domingo, 6 de noviembre de 2011

zahoríes

osé recorre con dos varas finas de cobre en las manos un solar de más de tres hectáreas a las afueras de Calzadilla de los Barros. Anda con paso tranquilo. Como si pensara cada movimiento. De repente, y sin que él mueva las manos, las varas se cruzan como si un campo magnético las empujara a unirse. Ha saltado la alarma. «Por aquí pasa una corriente de agua subterránea». Marca con una piedra el lugar donde se cruzan. Da unos pasos para atrás y vuelve a caminar despacio. De nuevo las varas se disparan con estrépito. Se para y comprueba que es exactamente en el mismo punto que la vez anterior. Repite la operación una y otra vez y las varas no paran de cruzarse como si fueran el parabrisas de un coche.

Para certificar su hallazgo coge ahora una rama de olivo con dos puntas. Al pasar por el punto marcado, las puntas se levantan con tal fuerza que tiran las gafas de José al suelo. «Veis como es aquí», certifica con un gesto de satisfacción que no puede esconder. Deja la rama en el suelo y saca un péndulo del bolsillo. Lo pone sobre el punto que ha marcado y comprueba cómo se mueve de derecha a izquierda. «No hay duda. Éste es el punto exacto donde hacer el pozo». Tres días después, a poco más de 90 metros bajo tierra, los perforadores de la empesa Aguasur, encuentran agua en ese mismo punto y terminan el pozo. El propietario de la tierra ya tiene el agua que necesita para el cebadero de cerdos que tiene previsto construir en el solar.

Desde niño

José acaba de cumplir 74 años y cada día anda más de doce kilómetros por los alrededores de Zafra. A los nueve años descubrió «un don». Es zahorí. Posee la capacidad de localizar las corrientes de agua subterránea. Un sacerdote lo llevó al campo cuando era un niño, le dio una rama de olivo y le dijo que peinara el terreno con tranquilidad. Al pasar por algunas zonas, la punta se levantaba como si una fuerza invisible la empujara. El sacerdote le explicó que tenía sensibilidad para captar la energía del agua subterránea, le habló de los zahoríes y de la sabiduría ancestral que guardaban.

Con los años, José se convirtió en todo un experto. La varas de olivo, los péndulos y el cobre se convirtieron en sus compañeros de paseo por el campo. Desde entonces ya ha marcado más de 3.000 pozos por toda la comarca de Zafra. «No he fallado ni una sola vez. Siempre he dado con agua». José atesora más de 60 años de experiencia como zahorí y ahora ve con resignación que esa sabiduría puede perderse. «Somos una especie en peligro de extinción». Nunca han sido muchos, pero hoy no hay gente joven que practique esta «tradición». Cree que su «don» es una afición como otra cualquiera. «Es cierto que no todo el mundo vale, pero hay muchos que pueden y no les interesa».

José enseñó a sus nietos, que han heredado su capacidad, a buscar agua, aunque los estudios y el trabajo no le dejan tiempo para seguir practicando. «Esto también requiere práctica y que cada uno perfeccione su técnica, no se consigue de la noche a la mañana».

La misma preocupación tiene Antonio. Este zahorí de Calamonte lleva veinte años marcando pozos y quiere que su hijo, de 18, continúe con la tradición. Él empezó de joven haciendo pozos a mano. «Con pico y pala». Viendo como trabajaban otros zahoríes descubrió que tenía el don de adivinar por donde pasa el agua bajo tierra. «Yo creo que soy el más joven de todos los zahoríes, la mayoría son personas mayores. Si no hay gente joven todo esto se perderá», se lamenta. Antonio explica su «don» por la electricidad estática. «Me dan calambrazos continuamente». La energía estática le hace más sensible a la fuerza de las corrientes agua.

El olivo, el mejor

Se sirve del olivo para localizar los pozos porque, en su opinión, es el mejor conductor del agua. «Sólo tienes que fijarte que si hoy llueve mañana las aceitunas están más gordas». Advierte que ser zahorí no consiste sólo en que la «vara se mueva». Cree fundamental fijarse en las capas de la tierra, averiguar la dirección de las corrientes y estudiar las características del terreno. Todo eso solo se consigue con la experiencia y «saliendo mucho al campo».

Por eso, para él, lo difícil no es dar con las venas de agua del subsuelo, sino identificar el punto exacto donde confluyan dos corrientes, porque ese es el lugar donde se debe hacer el pozo. «Lo complicado es afinar». Tanto como veinte centímetros, que suele ser el grosor de las tuberías que se ponen en los pozos. La operación se complica además porque cada vez el agua está más honda. Cuando Antonio empezó el agua aparecía a los 20 o 30 metros de profundidad. Ahora lo normal es llegar hasta los 90 o 100. «Cada vez hay menos agua en el subsuelo», advierte.

Como José, Antonio presume de haber acertado siempre que le han avisado para marcar un pozo. No hay terreno que se le resista. Lo mismo busca agua en sierra, en barbecho que en pizarra. Su pericia le ha dado cierta fama en los pueblos de la comarca de Mérida. Como todos los zahoríes, lo hace por afición, no suele cobrar cuando le avisan para que busque agua en la tierra. Aunque la empresa que hace los pozos o los propietarios suelen gratificarles. «Nadie hace esto por dinero, simplemente nos gusta, aunque eso no significa que no seamos profesionales. Hacer un pozo vale mucho dinero y si yo no estoy seguro no marco». Antonio defiende con pasión su papel.

«No son trucos»

La misma pasión con la que habla Bernardo. A sus 60 años, 40 los ha pasado trabajando en una empresa de pozos de Villafranca. Ahora, ya jubilado, no va al campo a entubar los pozos, sino a marcarlos. Por su oficio vio trabajar a muchos zahoríes. Aprendió sus trucos y sintió curiosidad por probar. Un día lo hizo y acertó. «Esto no es cuestión de trucos, sino de que te guste». Bernardo cree que cada zahorí cuenta con sus propias referencias. De hecho en más de una ocasión dos zahoríes han hallado agua en sitios diferentes.

De esa diversidad también sabe Francisco Manuel Infante, uno de los gerentes de la empresa Pozos y Sondeos Aguasur. Su empresa abre pozos cada día por toda la provincia de Badajoz y parte de Andalucía. En su agenda tiene una treintena de zahoríes, a los que avisan según la zona en la que trrabajen. Todos se sirven de las varas de cobre y de olivo. Aunque después «cada uno interpreta los hallazgos a su manera».

En lo que sí coinciden es torear la incredulidad cuando acuden a algún terreno a marcar los pozos. «Al final, cuando se encuentra agua, siempre le dan la enhorabuena». A José también le felicitaron antes de abandonar el solar de Calzadilla de los Barros. Y le gratificaron.
BERNARDO MORALES VILLAFRANCA
Se ha recorrido toda la provincia de Badajoz y parte de Andalucía haciendo pozos para la empresa Aguasur. Ha conocido de cerca a muchos zahoríes y ha visto como trabajan. «Alguno anda descalzo porque dicen que así notan mejor si hay agua». Para él, más allá de las técnicas, lo importante es la experiencia. Yo he aprendido que la tierra es como el cuerpo humano, tiene corrientes que suben y bajan».
JOSÉ SÁNCHEZ ZAFRA
José es conocido en la comarca por su pericia como zahorí. En 60 años no ha fallado ni una sola vez. Admite que en ocasiones el pozo no da el agua que el propietario quiere, pero siempre que ha marcado ha salido. Además de particulares, muchos ayuntamientos le pidieron que marcara pozos para uso público. Zafra, Azuaga, Valencia del Ventoso y Casas de Reina fueron algunos de los municipios a los que ayudó.
ANTONIO SÁNCHEZ CALAMONTE
Antonio entiende que no todo el mundo vale para ser zahorí. Aunque él no duda de su fiabilidad. De hecho, según cuenta, en una ocasión un amigo suyo tenía previsto hacer un pozo en función de un estudio geológico, aunque él no coincidía con el punto que había marcado el estudio. A pesar de su advertencia, su amigo decidió perforar en el punto del estudio y no encontró agua. Al final, el pozo se hizo donde marcó Antonio.
radiestesia;
La radiestesia, en su forma tradicional de buscar aguas subterráneas, no es una actividad moderna ni mucho menos, dado que su práctica se realiza desde hace al menos 4500 años[1]. Aunque hoy en día se aplica la radiestesia a la búsqueda de caso cualquier cosa, desde restos arqueológicos hasta personas desaparecidas, en este artículo nos centraremos en la búsqueda de agua por parte de expertos denominados zahoríes. Veremos las técnicas más comunes utilizadas, los errores de concepto a la hora de tratar las aguas subterráneas y por qué los zahoríes parecen tener éxito.
 Buscando Agua
El agua ha sido tradicionalmente uno de los bienes más preciosos, no en vano las primeras civilizaciones se asentaron en llanuras de ríos, donde podían aprovechar tanto el agua que fluía como los fértiles limos dejados en las llanuras de inundación. Pero no en todos los lugares el agua es abundante: hay muchas zonas donde la única solución es realizar un pozo para encontrarla, y ésta es una tarea trabajosa, demasiado para que culmine sin éxito. Por ello, con el tiempo, fueron ganando prestigio los zahoríes, personas que afirmaban tener la capacidad de encontrar agua con un cien por ciento de seguridad. Los zahoríes son capaces de detectar los flujos subterráneos de agua e incluso de adivinar su profundidad y caudal; para ello se valen de una serie de instrumentos, generalmente muy sencillos, probablemente porque derivan de las sencillas herramientas tradicionales. Entre ellos los más usados son la vara en Y -una vara, generalmente de madera, con la forma mencionada-, las dos varas en L, y el péndulo. Las tres se basan en el supuesto de que la presencia de agua genera algún tipo de energía (hay teorías para todos los gustos) que provoca un movimiento espasmódico en las varillas y oscilaciones en los péndulos. El zahorí toma la(s) varilla(s) por un extremo, o bien sostiene el péndulo, y camina hasta que se produzca el movimiento de la herramienta.
Debido a su éxito aparente y al beneficio que reportaban sus experimentos, los zahoríes han gozado de una consideración mucho mayor que la que se ha dado a otros "trabajadores de lo paranormal". A pesar de ello, como veremos, la realidad de la radiestesia es la misma que la de cualquier otro fenómeno paranormal.
Ríos Subterráneos y Rocas Húmedas
Los zahoríes suelen basar sus búsquedas en la asunción de que por el interior de la Tierra corren ríos iguales a los que podemos ver en superficie, pero esto no es así. De hecho, las corrientes subterráneas como tales sólo existen en zonas muy determinadas, donde rocas calizas han sido disueltas por aguas de lluvia, las cuales han excavado pasadizos y cavernas por donde corre el agua. La gran mayoría del agua subterránea se encuentra empapando formaciones porosas como arenas; al contrario de lo que se cree comúnmente, el agua no está en bolsas, piscinas subterráneas ni nada parecido, sino llenando lo poros de estas formaciones, de un modo similar a lo que ocurre cuando empapamos una esponja. Esto no significa que el agua permanezca inmóvil, ya que puede trasladarse verticalmente por capilaridad y gravedad, y horizontalmente por diferencias de presión.
Por lo tanto, el agua subterránea no se presenta normalmente en forma de canales, sino empapando extensas zonas de hasta decenas de kilómetros cuadrados, como las famosas Tablas de Daimiel, en España. Sabiendo esto empezamos a comprender cómo los zahoríes son capaces de encontrar agua; si nos encontramos en una zona en la que se hayan perforado anteriormente pozos de agua, o incluso en la que se puedan ver ocasionalmente encharcamientos, casi cualquier punto donde señalemos para excavar un pozo será positivo.
Autoengaño y el Ideomotor
Como el mismo James Randi comenta [2] es difícil encontrar estafadores entre los zahoríes. Al contrario que en otras facetas del negocio paranormal, la mayoría de ellos creen que tiene verdaderos poderes, probablemente debido a la tasa de aciertos, algo que, como ya he comentado, no debe sorprendernos. Es cuando se ejecutan experimentos como el realizado por Randi [3], en el cual se solicita a una serie de zahoríes que localicen tuberías enterradas con agua, que observamos que la tasa de aciertos no es mayor que la esperada por azar. Esto resulta particularmente perturbador para los zahoríes quienes, como se ha comentado, creen honradamente en sus poderes.
Pero ¿cómo se mueven entonces las varillas, o el péndulo? Los defensores de la radiestesia han sugerido toda una serie no comprobada de efectos debidos a magnetismo o misteriosas fuerzas desconocidas para la ciencia. La explicación es mucho más sencilla.
Por una parte podemos observar que algunos de los instrumentos utilizados en la radiestesia son, por su propia forma y por el modo en que se utilizan, altamente inestables. Quien lo dude, que pruebe a tomar una barra larga o una rama en Y y trate de mantenerla fija en horizontal mientras camina. Por mucho que lo intentemos, el mínimo movimiento angular por parte de nuestras muñecas se va a convertir en un movimiento claramente perceptible en la vara.
Por otro lado, tenemos lo que se llama el Efecto Ideomotor, que consiste en el movimiento involuntario de partes del cuerpo provocado por un estímulo mental en lugar de uno físico, es decir, un movimiento provocado inconscientemente. Cuando este efecto provoca un pequeño movimiento en las muñecas del zahorí, la inestabilidad de la herramienta provoca que el movimiento se multiplique, con lo que tenemos las famosas "sacudidas" de las varillas, o el giro del péndulo.
Así pues, hemos comprobado que ser zahorí no es tan difícil si se dan las condiciones adecuadas. Al final, no es lo que hay en el interior de la tierra lo que mueve la mano del zahorí, sino lo que hay en el interior de sí mismo.
 estamos perdiendo las tradiciones, hay que recuperar los viejos oficios, las viejas tradiciones, no podemos dejar que el mundo moderno avance, y se lleve la sabiduria de nuestros mayores.

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