jueves, 10 de noviembre de 2011

¿que fué de poli diez?


Poli Díaz, en una imagen de 1989
Poli Díaz, en una imagen de 1989
Foto: Jaime Gutiérrez
Una noche hace unos pocos años, a las tres de la mañana, a Eva, la novia de Poli Díaz, le sonó el teléfono. “Poli se ha matado en un accidente de coche”, le decía una voz conocida. Ella calló un segundo, y respondió: “Pero si lo tengo aquí al lado en la cama…”. No era la primera vez que la llamaban para contarle “cosas raras”, como dice. Siempre las mismas voces, aunque nunca supo quiénes eran. “Decidimos cambiar el número de móvil y ahora no se lo damos a casi nadie”, detalla.
Muchos años antes, a finales de los 80, todo el mundo en Vallecas hablaba de Poli. Era el rey absoluto. Tanto, que se convirtió en una leyenda. Todos lo habían visto: en una moto, en un bar, en el parque corriendo, en tal discoteca montando lío… “Poli parecía Dios”, dice él mismo. “Decían que estaba en todas partes y no estaba en ninguna”. Su figura estaba tan cerca de la gente que esa misma gente se terminó comiendo al mito. “Algunos me han hecho daño, y muchos sin darse cuenta”, señala.
Poli Díaz se retiró del boxeo en 2001, aunque desde 10 años antes, en aquella pelea contra Pernell Whitaker en Norfolk (Virginia) por el título mundial unificado del peso ligero, para mucha gente cayó en un hoyo. Se esfumó uno de los deportistas más populares de España hace un par de décadas. Se olvidaron sus ocho Campeonatos de Europa, su estilo de pelear espectacular, suicida, de un animal desbocado. El que reenganchó al boxeo a todo un país. El de aquella victoria a los puntos contra Steve Boyle o el KO demoledor contra Bo Jacobsen, luego campeón del mundo. El que iba a un plató de televisión y lo llenaba todo.
Sin esconderse
Era un tipo espontáneo que se agrandaba ante la cámara. Un día, una espectadora de un programa, con muy mala baba, le preguntó si él creía que estaba “sonao” por los golpes. Poli la miró y le dijo: “Mírame y dime qué crees”. La chica se encogió de hombros y se puso colorada. Y es que Poli nunca se escondió de nada, ni de nadie. Respondió a quien le preguntó por sus años jodidos. Que los tuvo, y muchos. Y varias recaídas. Ahora, simplemente, ya no quiere hablar más “de cosas que pasaron hace muchos años”, me dice en un bar de Vallecas, en el que se ha pedido un Cola Cao. “Si meo, estoy más limpio que tú”, me señala. “No quiero oír las cosas malas de mí. Cada uno que diga lo que quiera, a mí me da igual”, dice. Tiene ante sí un presente limpio y mira al futuro. Y tiene derecho a dejar pasar lo que ya es eso, pasado.
“Amigos tengo uno o dos. Me sobra media mano para contarlos”
‘El Potro’ se quedó sin muchos de los amigos que tenía cuando boxeaba y todo el pijerío iba a sus combates. Hasta el Rey lo recibió en 1990. “Amigos tengo uno o dos. Me sobra media mano para contarlos”, dice, aunque niega que se hayan aprovechado de él más que de la media. “Se han querido aprovechar de mí más de lo que lo han hecho. Porque en todas partes se aprovechan de la gente. De lo que tú escribas hoy, tu empresa va a sacar el doble o el triple que tú. ¿O no? Como el que reparte la Coca-Cola, el mecánico o el fontanero. Hay abusos en todas partes, igual que en el boxeo”, dice. Y a ver quién le quita la razón.
Eva, la chica tranquila
Eva, su novia desde hace siete años, no sabía quién era cuando lo conoció. “Di un paseo con él y todo el mundo lo saludaba. Así que alguien famoso tenía que ser”, dice. Me confía que Poli está mejor que nunca, a pesar de que lo han pasado mal. “Ya ni salimos por las noches, porque siempre hay algún gilipollas que le ofrece alguna mierda”, dice.
“Es una chica muy maja, muy tranquila, me hace mucho bien. Todo lo que yo tengo de nervio lo tiene ella de tranquilidad”, cuenta Poli, que cuenta que entre sus planes de futuro está casarse con ella. “Si quieres te invito, pero sólo si comes poco”, me dice, riéndose.
“Ya ni salimos por las noches, porque siempre hay algún gilipollas que le ofrece alguna mierda”, dice Eva, su novia
Con ella, Poli ha estabilizado su vida. Corre cada día y hace lo que más le gusta en el mundo ahora mismo: dar clases de boxeo. “Esta mañana he ido a la parcela [la que tiene en Lozoyuela], he dado de comer a los perros. He estado limpiándola con una desbrozadora, cada día me entretengo con algo. Luego he estado corriendo. Normalmente me levanto a las siete o las ocho, y si no tengo clases, corro. Estoy fuerte, soy un tío tallado. Toca, toca”, y se señala los abdominales. La verdad es que está fortísimo.
Vallecas, Lissavetzky, el cine, las clases de boxeo y el futuro
Poli y Vallecas van asociados. Desde el fondo del Estadio Teresa Rivero, en el partido del ascenso a la Liga Adelante entre el Rayo Vallecano y el Zamora de la pasada campaña, los Bukaneros calentaron el previo con un banderón en el que aparecía Poli. El Rayo y el ex boxeador son los símbolos deportivos del barrio. “Soy de Vallecas. Soy español, vallecano y vasco. El tiempo que estuve viviendo en Bilbao fue lo mejor de mi juventud. Jugando en las praderas, y tal y cual. Me encantaba boxear en La Casilla”, dice. Allí ganó a Lino Bechetti uno de sus Europeos. “He defendido el nombre de España por todo el mundo, y con un par de cojones. Perdona por la palabrota”, se disculpa, con ironía.

Ahora, su presente y su futuro se ciñe a varios frentes. Una productora ha comprado los derechos de su vida para hacer una miniserie de dos capítulos en televisión sobre su trayectoria. Negocia con tres cadenas de ámbito nacional. El otro, y el principal, son las clases de boxeo. Aquí se pueden poner en contacto con Poli los que quieran clases particulares o por grupos con ‘El Potro’. “Nadie te puede enseñar el boxeo como un boxeador, aunque hay que enseñar a cada uno como lo que es. Si el alto, a larga distancia. Si es pequeño, a corta”, define. Es de lo que habla con más pasión. Quiere que sean clases “con precios populares”, y dice que ha llegado a ir a Italia a dar lecciones, igual que a muchas ciudades de España. Si un polideportivo público le cediera una sala, sería el tío más feliz del mundo. Más que si le dan un trabajo.
"Lissavetzky me cae bien, es un tío muy majo. Yo creo que me va a ayudar"
El nombre de Poli ha vuelto a saltar a la palestra por las palabras de Jaime Lissavetzky, Secretario de Estado para el Deporte, prometiendo que le iba a ayudar buscándole un empleo. Poli dice que no ha sabido gran cosa de aquello, aunque cree en el político. “Confío bastante en él. Tuve algunas conversaciones con él hace años. Me cae bien, es un tío majete. Yo creo que sí que me va a ayudar. Lo dijo delante de gente, así que yo creo que cumplirá”, cuenta. Sin embargo, él hace una proposición: “A mí lo que me gustaría es... ¿Cómo se llama la mujer ésta de la silla de ruedas?”, le pregunta a Eva, su mujer. “La Duquesa de Alba”, responde ella. “Pues esa mujer tiene un montón de dinero porque tiene títulos, ¿no? Ya me podían dar algo a mí, que tengo siete de España y ocho de Europa. Un dinero por cada título”, reclama Poli.
Su futuro es brillante, comparado con lo que era hace unos años. Vive en una casa suya, herencia de los años buenos, y, aunque está en paro, mira la vida de frente. Su Ford Fiesta blanco, viejo pero que anda, le lleva adonde haga falta. “Aquí me tienes. Tuve problemas, pero ya han pasado. Quiero que la gente lo sepa y que me saquen en la tele por lo que soy ahora. Yo me tengo que querer a mí mismo. Cuando me quiero a mí quiero a los demás”, resume.
Y sentencia, sacando el orgullo del viejo boxeador: “Soy más conocido que Pinocho. Hay mucha gente que no me quiere, pero para mucha otra soy un ídolo y lo seré toda la puta vida”. Y eso, haya pasado lo que haya pasado, es una verdad como Vallecas de grande.
es el boxeador mejor encajador, que vi en mi vida. Un autentico muro, con un estilo muy ortodoxo y nada academico, pero era de hormigón armado, para mí, un campeón entre campeones. Levanta odios y pasiones, como sea como persona, si quedo sonado o no, eso no es lo importante, yo me quedo con el hombre que llevo el nombre de españa por todo el mundo, fué nuestro último gran boxeador. Ahora trabaja en la construcción, y se anuncia para dar clases de boxeo. Que le vaya todo bien.

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